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Camino Caminante Vereda

Un soberano puñetazo

Yo salí de casa con tiempo.  Decidí ir andando.  El camino más bonito era a través del Parque del Oeste.  Cuando ya me estaba acercando a la Cuesta de San Vicente vi un grupo de gente haciendo botellón.  Una mujer se me acercó y me pidió un cigarrillo.  Se lo di.  Se acercaron tres más a pedirme tabaco.  Por alguna  razón me sentí acosado.  No se los di.  Me arrepiento.  Debería haberlo hecho.  Tenia un paquete de sobra.    Estas personas eran gente sin hogar.  Vivían en un albergue.  Nadie tiene un detalle con ellos.  Yo tampoco.  

En vez seguí mi camino.  Uno de los sin techo me siguió.  Me estaba diciendo que me había portado mal con ellos.  Yo no tenía ganas de hablar con el.  Ni me volvía para mirarlo.  Ya estando cerca del cruce, el me agarró.  Yo intenté zafarme.  El me dio un soberano puñetazo en la nariz.  Me acababan de operar del tabique nasal.  Dos días antes me habían quitado los tubos que me habían metido en las fosas nasales para que no se me colapsaran.  Estaba sangrando profusamente.

Fui andando hasta la estación de metro.  Sabía que en los andenes había cobertura.  Me puse a llamar a mi amigo.  A los 10 minutos di con el.  Subió.  Un poco después vimos un policía municipal.  Nos contó que había habido un altercado cerca.  Nos llevó en su coche patrulla.  Allí estaba el Samur haciendo curas.      Después de pedirme la documentación, me detuvieron la hemorragia de la nariz.  Había habido una buena pelea entre los sin techo.  Mucha gente tenía magulladuras y erosiones.  Había por lo menos quince policías nacionales tomando declaración.  Supongo que quien me dio la hostia, siguió arreando.

Bajo la impresión de que era necesario un parte de daños firmado por un médico, yo y mi amigo, nos fuimos en taxi al hospital que me corresponde.  Tras cinco minutos en urgencias, me atendió el otorrino de guardia.   Me dijo que no había ningún daño permanente.  Mi tabique nasal recién operado no había sufrido desperfectos. Me introdujo unas almohadillas de algodón en las fosas nasales.   Los otorrinos tienen un extraño fetiche de tocarle las narices a la gente.

Yo me despedí de mi amigo después de unas cañas.  Al llegar a mi casa empecé a estornudar sin parar.  Las almohadillas eran  responsables.  Estaban irritando el interior de mi nariz.  Con la presión de los estornudos estaban cada vez más fuera.  Cuando al final sobresalían, me las saqué con unos alicates.  Detuve la hemorragia con presión.

Al día siguiente fui a la comisaría con mi parte médico.  El policía que me atendió me contó que, ya que me había atendido el Samur, me podía haber ahorrado el viaje a urgencias.  Yo, con mi denuncia, ya  había cumplido.  Había engrosado en las estadísticas de delincuencia.  Unos días después me llamó la policía para que me pasara por la comisaría.  Me atendió un inspector que me enseñó fotos de varios sospechosos.  No fui capaz de reconocer a ninguno.  Todos tenían pelo largo y el que me pegó tenía el pelo corto.  Yo me guío mucho por el pelo a la hora de reconocer a la gente.  Se lo comenté al inspector.  Unos meses después estaba en los andenes del metro y un hombre con pelo largo se me acercó.  Me miró de forma agresiva.  Quedé intimidado.  Me metí rápidamente en el vagón.  Estoy casi seguro que era el mismo que me pegó.

Gracias a la historia del puñetazo tenía algo interesante que contar a la gente nueva que me encontraba durante varios meses.  Todos me decían: "Ay, pobrecito."  Hubo una mujer de la cual no conseguí reacción alguna.  Más tarde me enteré que ella había estado en una relación violenta.  El que le peguen a alguien es triste para ella pero era el pan nuestro de cada día.

Auna y Ono no me gustan nada

La oferta era tener llamadas y banda ancha con Auna.  Pasado un tiempo se iba a hacer portabilidad de mi número de teléfono.  Eso significaba que pasado unos meses iba a alquilar mi línea de teléfono a Auna.  Telefoníca no se llevaría ni un céntimo de mi dinero.  Me parecía maravillosa la idea.  Firmé el contrato.

Poco después tuve mi primer problema.  Una de las clausulas del contrato por el cual Ya.com me proporcionaba ADSL estipulaba que si no se permanecía al menos un año con ellos, era necesario pagarles una indemnización.   Mi amiga me aseguró que estas estipulaciones carecían de valor.  Según ella, si les amenazaba con represalias legales, se amedrentarían.  No me cobrarían la penalización.

Les mandé a Ya.com un burofax para darme de baja.  Lo típico.  Les amenacé con acciones legales.   Ni cortos ni perezosos, fueron y me cobraron la indemnización.  Vi al poco tiempo un cargo en mi cuenta de más de 100 euros.  Aunque no me he informado, parece que lo que dijo mi amiga, acerca de poder intimidar una compañía, fue mentira.  Para joder la marrana, Ya.com en esos momentos estaba ofreciendo contratos sin permanencia, donde podías darte de baja sin pagar penalización, aunque fueras su cliente únicamente un mes .

Lo más destacable de Auna es que el ADSL iba muy lento.  El servicio de atención al cliente lo prestan a través de un número de tarificación especial.  Cualquier cosa adicional que se quisiera contratar, como ADSL más rápido, o tarifa plana por módem valía más de 50 euros adicionales.  En resumen, muy poco interesante.  Sin duda lo peor era la atención al cliente.  Una compañía de telecomunicaciones donde haga falta pagar para hacer cualquier gestión con el servicio de atención al cliente es una puta mierda.  Es muy común que las empresas de telecomunicaciónes cobren por el servicio de atención al cliente, lo que es un atraco a mano armada.

Unos meses después decidí iniciar la gestión de hacer la portabilidad a Auna.  Dejaría al final de alquilar la línea de teléfono a Telefoníca.  Me libraría del monopolio.  Vino un técnico de Auna a casa.  No alquilan la línea a Telefoníca.  Meten una propia.  El conducto por el venían las líneas era demasiado estrecho para que el técnico metiera la suya.  Unos días después vino un técnico de Telefoníca que tuvo más éxito.

Mientras tanto vi una oferta muy buena de ADSL hecha por Jazztel.  Me apunté después de preguntar si era compatible con portabilidad a Auna.  Me dijeron que sí.  Le mandé un burofax a Auna para dar de baja el ADSL.  Me cobraron la siguiente factura.  Me lo esperaba.  Cuando me cobraron la de después juré jamás tener nada que ver con la compañía.  Di orden a mi banco para que anulasen la domiciliación bancaria.  Inmediatamente cancelé la portabilidad de mi número de teléfono.

Todos los meses Auna me mandaba un recibo por unos servicios que no me prestaban.  Eran tan sumamente incompetentes que habían traspapelado el burofax que les había mandado.  Al cabo de un par de meses me empezaron a llegar cartas advirtiéndome que o bien les pagaba o bien me cortaban todos los servicios que me prestaban.  Asombra una incompetencia de tal magnitud que crean que me estén prestando un servicio que no me prestan.  No sirvió de nada el qué les mandase una carta certificada.  La perdieron también.

Tuve problemas con el burofax.  No fui en su momento a recoger la copia certificada.  Se me extravió el acuse de recibo.  No lo había guardado en lugar seguro.  Me di cuenta de que también se me había extraviado el justificante para la copia certificada.  Los había dejado encima de la mesa del salón.  Curiosamente poco antes de que desapareciesen estos papeles vino a comer la amiga que me hizo el contrato con Auna.

Pasados unos meses fui a la oficina de correos desde donde había mandado el burofax.  Les expliqué que se me había perdido el justificante.  Me dieron buenas noticias.  Seguían teniendo mi copia certificada.  Aunque sería complicado, podría recogerlo.  Tenía que hablar con la encargada.  Volví.  Me dijeron que lo buscarían.  Hubo suerte.  Me llamaron unas semanas más tarde mientras estaba visitando unos amigos míos.  Fue por puro milagro que pudiese hablar con ella, ya que no había cobertura de mi compañía de móvil en el pueblo de mis amigos.  A la tercera vez que me pasé por la oficina de correos, di con la mujer que me llamó.  Pude recoger mi burofax.  Ya podía llevar a Auna a juicio si se me antojase.

Auna seguía religiosamente mandándome facturas y recordatorios de impago.  Auna fue comprada por Ono.  Ahora era Ono que me mandaba las facturas y los recordatorios.  Me hace una gracia impresionante que me digan que me van a cortar un servicio que no me prestan.  Me estaba planteando llevarlos a juicio.  Había oído en la radio que el gobierno iba a endurecer las sanciones por medidas abusivas de empresas de telecomunicaciones.

Una empleada de Ono me llamó en marzo del 2006 avisándome que les debía más de 300 euros.  Yo la conté lo del burofax y les amenacé con acciones legales.  Eso la calló.  Como en esos momentos estaba trabajando a jornada completa, no podía tomarme el tiempo libre para acudir a los tribunales.  Decidí dar a Ono una última oportunidad.  Les llamé desde el trabajo.  Después de media hora, siendo pasado de persona en persona, al final me pasaron con facturación.  Me informaron que ya habían dado de baja el contrato.  Yo les dije que habiendo ellos ignorado un burofax, que les había mandado, tenía un caso muy fuerte a la hora de emprender acciones legales.  Les ordené cancelar todas las facturas desde el momento que les mandé el burofax.  El día siguiente me llamaron diciéndome que así lo habían hecho.

Ono parece igual de mierda que Auna.  El número de atención al cliente es de tarificación especial.  Una compañía de telecomunicaciones debería ser capaz de conseguir importantes descuentos a la hora de poner un número gratuito.  El que no lo hayan hecho demuestra que son unos putos avariciosos de mierda.  También conviene recordar que ellos me siguieron mandando religiosamente facturas por un servicio que no me prestaban y además tuvieron la desfachatez de reclamarme pago por ello.

Andreso

Ahora sólo me queda pendiente una cosa.  Averiguar si me han puesto en un registro de morosos.  Como me entere que por su culpa yo sea considerado moroso, contrataré un abogado y les llevaré a juicio.  Nada de juicio rápido.  Pediré un mínimo de cien mil euros de indemnización.  Casi espero ser considerado un moroso porque así podré disfrutar de una experiencia nueva: llevar a unos hijos de puta a juicio.

Retirado

La empresa solicitó de buena fé la retirada de este artículo.

 

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Implantes musicales

Una compañía ha desarrollado implantes musicales para el pecho.  Muchas mujeres están hartas de que los hombres únicamente estén interesados en mirarles las tetas.  También quieren que las escuchen

La razón por la cual dejó el gobierno

José Bono dejó el gobierno socialista porque José Luis Rodriguez Zapatero estaba tan empecinado en mejorar las relaciones con Estados Unidos que le estaba presionando para que casase a su hijo con una de las hijas del presidente.  El pensar que sus nietos se apellidarían Bono Bush fue demasiado para el antiguo ministro de defensa.

Mi PDA es una maravilla

Cuando vi que se podía escribir con el trasto, decidí que quería uno.  Tengo dos dominios de Internet.  No publicaba apenas nada en ellos.  Me da mucha pereza escribir en casa.  Hay tantas cosas que hacer con el ordenador que lo último que me apetece hacer es escribir.  Prefiero navegar.

Me dije que una PDA serviría para escribir estando en transporte público.  Así, además de matar tiempo, podría crear contenido.  No me hizo cambiar de opinión el que un amigo mío me dijese que no la iba a sacar provecho.  Me dijo que era tirar el dinero.  Yo seguía empecinado en tener el trasto.  Me la acabé comprando como regalo de cumpleaños en el 2005.

Está siendo uno de los mejores regalos que jamás me haya hecho.  La he utilizado casi todos los trayectos en transporte público que he hecho sólo.  Sea en metro, tren, autobús o avión, se me están haciendo mucho más cortos los viajes.  El tiempo se me pasa volando.  Cuando tiene la batería baja, y la tengo que apagar, me aburro.  Me compré un cargador de viaje para cuando estoy fuera de casa.  Llevo el cargador siempre encima.  Así si me quedo sin batería a la ida, podré escribir a la vuelta.

Con la PDA tardo uno o dos días en escribir un artículo.  En algunos de mis rollos macabeos, que he publicado en esta Web, es posible que haya tardado más de una semana.  Escribo a la mitad de velocidad que con lápiz y papel.  Bastante más lento que con el ordenador.  No tengo prisa.  Casi únicamente la utilizo donde no hay más cosas que hacer que mirar al que está enfrente.

Estoy escribiendo más rápido de lo que estoy publicando en mis blog.  Tengo en estos momentos unos 15 artículos pendientes de subir a la Web.  Cuando elijo un artículo para publicar, lo abro con mi  procesador de texto.  Me lo leo, cambiando las cosas que no me gustan.  Este proceso lo repito hasta que no encuentre nada que cambiar.  Voy a la caza de fallos de ortografía y gramática.  Por supuesto, como pueden pasar meses entre que escriba un artículo y lo publico, hago a veces cambios sustanciales. Mis artículos no quedan perfectos.  En los doce años seguidos que pasé fuera de España, se me ha olvidado bastante de la gramática que aprendí en COU.  Se hace lo que se puede.

Utilidad del ordenador

Un ordenador te permite hacer más equivocaciones en menos tiempo que cualquier invento que haya hecho la raza humana, con la posible excepción del tequila y de las armas de fuego

Mitch Ratliffe

 

El hotel Globalia Savana

El hotel Globalia Savana

El exterior del hotel

La comida que sirvieron durante nuestra estancia no me gustó.  Era tipo bufé.  Estaba fría, insípida y demasiado cocinada.  Había cocina en vivo.  Dejaba mucho que desear.  Por las mañanas, un estudiante de hostelería hacía huevos fritos y tortitas.  En la comida y la cena recalentaba pasta demasiado hervida haciéndote una salsa de tomate con los ingredientes que deseases.  Una vez hubo cordero asado, frío por supuesto.

El todo incluido era también cutre.  El zumo de frutas que servían era hecho a base de polvos.  Únicamente te servían cerveza de barril.  Aunque la cerveza embotellada valiese una fracción más, no estaba incluida.  Los refrescos eran todos de botellas de plástico por lo cual, a menos que tuvieras la suerte de que empezaran una botella nueva, nunca tenían gas.  Las bebidas alcohólicas eran casi todas de marcas genéricas, de bajo coste, de las cuales casi nadie ha visto en un comercio.  Los cubatas los servían en vasos minúsculos.  Aún así estoy muy contento de que contratásemos el todo incluido.  No tuvimos ningún gasto extra en el hotel.

La habitación nos gustó mucho.  Era amplia.  Tenía una terraza con vistas al mar.  El inodoro estaba en una habitación separada.  El cuarto de baño era amplio.  El agua de la ducha tenía suficiente presión.  Había dos camas individuales por lo cual era fácil dormir sin molestar al prójimo.  Las camas eran lo suficientemente amplias para que en caso de necesidad cupiésemos los dos.  Hacía falta pagar una fianza de 20 euros para el control remoto de la televisión.  Este mando era imprescindible para verla.  El agua de grifo era potable.  

El interior del hotel globalia Savana

El interior del hotel

Todas las noches el departamento de animación montaba un espectáculo de unos 20 minutos.  No era gran cosa pero lo encontrábamos ameno.  Todas las noches, cuando bajaban del escenario, nos decían que la fiesta seguía en el café moro.  Esta está decorada con motivos árabes y te puedes fumar una cachimba o tomarte un té.  Ninguna consumición del café moro está incluida en nuestro todo incluido.  Fuimos un día después del espectáculo y lo único que pasó es que unos animadores estaban sentados con unos huéspedes.  Muy aburrido.  Hubo un grupo de gente que se quejó de la mala calidad de la animación.

Una cosa que me disgustó mucho del hotel Globalia Savana es que tenían contratado un empleado para timar a los recién llegados.  Un embaucador se acercaba a todos los huéspedes su primer día de estancia.  Les ofrece la posibilidad de ver Hammamet y Nabeul, de hacer compras y de hacer fotos en una fábrica de alfombras.  Todo gratis.  Esto es una excusa para intentar obligarte comprar una alfombra que no necesitas por mucho más dinero que el que vale en contra de tu voluntad.  En la fábrica de alfombras te someten a muchísima presión.  Seguro que la fábrica le da una buena comisión al hotel.  Nosotros picamos y pasamos verdadero miedo.  Si no es el primer día, cuando todavía eres novato, no hay posibilidad de ir a la fábrica de alfombras.  Eso es prueba clara que se trata de un timo.  El hotel Savana se enriquece estafando sus huéspedes más novatos.  Es fácil que un huésped se gaste muchos euros por miedo.

El Andreso 

Una excursión gratuita

Después de comer vimos al moro.   Quería salir lo antes posible.  Subimos a la habitación a por algo de ropa.  Al salir nos esperaba una furgoneta con conductor.  Eramos los únicos que íbamos.  Habíamos estado seguros que vendría más gente. Nos dio mala espina.  En efecto, no fue una excursión agradable.Durante el viaje interminable, la furgoneta atravesó el centro de Hammamet.  La letra del compromiso del moro se había cumplido.  Dijo que visitaríamos Hammamet.  La atravesamos sin parar.  Yo me estaba temiendo lo peor.  Tenía miedo de que nos llevasen a un lugar desierto.  Según contaron unos compañeros del hotel hay muchísima vigilancia en Túnez.  En cuanto grite un turista, viene la policía.  Les interesa mucho que los turistas se sientan seguros.  Puedo asegurar que mis miedos no eran fundados.

Al final llegamos a Nabeul.  El embaucador nos llevó por callejones angostos hasta llegar a una zona comercial.  Nos metió en una tienda donde ponía en un cartel “oficina de turismo”.  Alfombras tipo persa estaban colgadas en el exterior.  El embaucador entró.  Le seguimos como borregos.  Con la sabiduría que proporciona la experiencia, deberíamos habernos despedido del moro al llegar a  Nabeul.  No deberíamos haber entrado en la oficina de turismo.  Así habríamos conseguido un viaje gratis.  Nos hubiéramos podido volver en taxi.

El embaucador

El que nos intentó engañar es un empleado del hotel

El responsable de la fábrica de alfombras era un moro alto y fuerte.  Tenía un tupido bigote.  Había alfombras por todas partes.  Dos mujeres estaban sentadas en taburetes al lado de la pared.  Estaban tejiendo alfombras.  Tenían a mano madejas de hilo de distintos colores.  Cortaban un trozo de hilo.  Lo ataban.  Así todo el día.  Trabajaban muy deprisa.  El matón nos contó que cobraban seis dinares (cuatro euros) al día.  Tardaban meses en acabar una alfombra.  Una de estas mujeres estaba tejiendo con hilo de seda, la otra con hilo de lana.  En los diez minutos que estuvimos ahí, no levantaron en ningún momento la vista del telar.  Me pregunto si las dejaban ir al servicio durante la jornada laboral.  Las sacamos fotos.  Saqué una del embaucador donde claramente aparecía la identificación del hotel.El matón no paraba de decir que las alfombras eran las únicas que tenían el sello de calidad de la oficina de Turismo de Túnez.  Repetía que tenían una calidad inmejorable.  Eran bonitas, pero al fin y al cabo eran únicamente alfombras.  Aún así yo tenía un  interés nulo en llevarme una alfombra de recuerdo.  El marón nos repetía una y otra vez que era posible pagar contra reembolso.  El primer plazo se abonaba al contado o con tarjeta.  El resto cuando llegara la alfombra.  Nos mostró bastantes facturas  de compras realizadas por europeos incautos. Ya me los imagino.  Estarían acojonados por el aspecto de matón que tenía el encargado.  Pagarían lo que fuera para salir con vida de ese sitio.  A mi el matón me daba miedo.

Nos subieron a una sala en el piso superior.  Nos sentaron separados.  Otra medida de presión.  No podíamos sacar fuerzas el uno del otro.  El embaucador estaba sentado entre mi novia y yo.  Nos ofrecieron una taza de café.  Empleados nos mostraban alfombras sin parar.  Primero de lana y luego de seda.  Las de seda eran mucho más pequeñas.  Mi novia empezó a decir que le parecían muy bonitas.  Eso no me gustó nada.  Me sentí casi presionado para comprar una.
Me llevaron a otra sala.  Iban a por sangre.  El matón sacó una calculadora.  Tecleó una cifra en ella.  Me la mostró.  Era lo que pedía por una ridícula alfombra de seda.  Más de 1500 euros.  Yo no paré de repetir que no tenía dinero.  El matón no paraba de insistir que le hiciera una oferta.  Al final cedí y le ofrecí 100 euros.  Yo había ganado la partida.  Había ofrecido un precio tan bajo que el matón lo consideró insultante.  Regateando se puede bajar a el precio a una cuarta o quinta parte de la oferta inicial.  Yo le estaba ofreciendo menos de una décima parte.  Había ganado la partida.  El matón se rindió.

Volví a la habitación donde estaba mi novia.  Nos habían servido té.  El matón intentó convencer a mi novia para que comprase.  Se le veía desganado.  Al final dijo: "darles una propina a nuestros chicos por el trabajo que han hecho mostrándoos las alfombras.  Un billete, nada de monedas."  Les pagamos diez dinares.  Salimos aliviados de todavía conservar la salud.  Esto es una experiencia que prefiero nunca repetir.

Nos dijeron que teníamos media hora para hacer compras en Nabeul.  En contra de nuestra voluntad nos endiñaron un guía.  Hubiéramos preferido ir solos.  Cuanto compramos nos salió más caro por culpa del guía.  Yo no me sentía cómodo con el.  Estoy convencido que sacaba comisión por nuestras compras.  No veló por nuestros intereses.  La experiencia nos enseño que es posible pagar una cuarta parte de la oferta inicial.  Con el como mucho ahorrábamos unos dinares.  Buena comisión se llevaría.  Le dimos cinco dinares de propina al guía.  Le dimos otros quince al embaucador.  Se los dimos porque teníamos miedo de que nos dejasen tirados.  Para ser una excursión gratis, nos estaba saliendo bastante cara.

Al taxi que nos trajo al hotel se subieron el embaucador y dos moros más.  Con gran alivio vimos como se fueron bajando de uno en uno.  Al final únicamente quedaba el conductor.  Poco después estábamos en el hotel.  Le dimos dos dinares de propina.  Esta persona nos había llevado a la salvación.  Fue una experiencia.

Esa noche llegaron huéspedes fresquitos al hotel.  El día siguiente, mientras esperaba a mi novia, se me acercó el embaucador.  Seguía llevando identificación del hotel Globalia Savana.  Actuaba como si fuera
mi amigote.  Afortunadamente, poco después de llegar mi novia, el se marchó.  Los próximos días le miraba con cara de odio.

Le vimos muchas más veces.  Cada vez que llegaban huéspedes nuevos se acercaba a ellos.  Siempre su primer día de estancia.  Había alguien en el hotel Globalia Savana que se dedicaba a aumentar sus ingresos a costa del miedo de los novatos.  Alguien le estaba diciendo quienes eran.  Nunca se acercaba a los que llevaban algunos días.  Sabía que ya estarían advertidos que la excursión gratis ofrecida por la cortesía del hotel es una vulgar estafa.  La oferta no aparecía publicada en ninguna parte del hotel.  Se buscaba acojonar a los novatos.  Que pasasen el suficiente miedo para comprar, por mucho más dinero que el que vale, una alfombra que no necesitaban.  Nosotros pasamos miedo.  En la oficina de turismo el matón mostró bastantes facturas.  Hubo muchos que tuvieron menos suerte que nosotros.  Hubo muchos que compraron por miedo.  El que esta estafa fuese gestionada por empleados del hotel dice mucho de la ética de su dirección.

 El andreso

Un domingo en Tunez

Llegamos al paseo marítimo.  Nos paramos en varias tiendas.  A casi todos los vendedores los conseguimos ahuyentar diciéndoles que no teníamos dinero.  Vi una chaqueta de lana que me pareció muy bonita.  Mi novia le preguntó al vendedor cuanto costaba.  Dio un precio desorbitado.  Yo insistí que no teníamos dinero.  Dijo que aceptaba tarjetas de crédito.  Nos atosigaba ordenándonos que le diésemos un precio.  Yo estaba tan agobiado que quería huir.  No nos dejaba.  Al final le ofrecí menos de la tercera parte.  Acordamos cinco dinares más.  En Túnez dicen que te puedes llevar las cosas por una cuarta o quinta parte de lo que piden inicialmente.  Yo no sé regatear.

Mi novia y yo nos descalzamos y nos pusimos a pasear por la playa.  Nos hicimos muchas fotos.  Ella iba por delante con la camera.  La veo sentada encima de una barca.  Hay un moro guapo y joven hablando con ella.  Mi novia agarraba la camera con mucha fuerza.

Están hablando en inglés.  No afecta la conversación el qué yo me una.  El cuenta que trabaja en una tienda de souvenirs al otro lado del paseo marítimo.  Durante el verano trabaja en un hotel.  Después del verano no hay trabajo.  Dice que no le gusta la cultura de su país.  Que es muy difícil relacionarse con las mujeres.  Cuando estuvo un mes con su tío en Londrés le encantó tratar con las inglesas.

El dice que el problema de Túnez es que las mujeres no se relacionan con los hombre.  "No Sunshine" dice y repite.  Tardé varios minutos en darme cuenta de que esto de los rayos solares era un eufemismo de follar.  Para el era prácticamente imposible echar polvetes con las nativas.  Además carecía de medios para casarse.  En Túnez está muy mal visto que una mujer se acueste con un hombre si no está casada.

El moro comentó que el verano era su fuente de "Sunshine".  Ofrecía sus servicios a mujeres occidentales.  Ellas le pagaban hasta 60 euros.  Me preguntó cuantos camellos pedía yo por una hora de "Sunshine" con mi novia.  No sabiendo como llevarnos los  camellos a España, rechazamos su propuesta.  El tío no se había cortado lo más mínimo.  Poco después nos despedimos de el.

En Túnez los hombres venden muchas cosas.  Algunos venden  chilabas, cachimbas y demás souvenirs.  Otros venden su tiempo en el sector de la hostelería.  El que conocimos, además, vendía su cuerpo a las turistas extranjeras.