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Mi pueblo es Madrid

Aunque durante la mayor parte de mi vida me han sobrado bastantes kilos, nunca había seguido ningún régimen de adelgazamiento.  La primera y última vez ocurrió a principios del año pasado con mi ex novia.  Ella leyó en una revista acerca de un maravilloso régimen a base de té rojo.  En los cinco días que duraba la cura se debía perder cuatro kilos.  Lo seguimos.  Fue un rotundo fracaso.

Este régimen consistía en beber cuatro tazas de té rojo al día y en evitar las grasas.   Estrenándome en el mundo de adelgazar, lo empecé con ilusión.  Dejé de comer carne.  Dejé de comer queso.  Me preparaba toda mi comida.  Me tomaba religiosamente las cuatro tazas de té.  Como esperaba esto no influyó en mi peso.

Mi ex novia también tomaba las cuatro tazas de té rojo.  La primera noche apenas durmió.  Yo bebo mucho café.  Los estimulantes no me afectan mucho.  La excepción es tomarme el último café demasiado tarde un domingo.  Un café para cenar un día que no he madrugado me desvela. Curiosamente únicamente me desvela si tengo que madrugar el día siguiente.  Si el día siguiente puedo dormir a pierna suelta concilio el sueño de manera inmediata como de costumbre.

Mi ex novia apenas toma ni café ni té.  Cuatro tazas al día la espabilaba tanto que no se podía relajar lo suficiente para conciliar el sueño.  La primera noche apenas durmió.  Para mi desgracia esa noche la pasé con ella.  Habiéndonos acostado tarde, ella me despertó a las seis de la mañana.  Se aburría sola.  Yo estaba tan cansado que apenas podía con mi alma.  Sentí una gran sensación de malestar ella se fue.  Me es muy incómodo estar despierto con mucho sueño. En el momento que ella salió por la puerta, me eché una larga siesta.  Entre la siesta y el cansancio apenas aproveché el día.

El día siguiente ella únicamente se tomó dos tazas.  Había aprendido que las drogas duras como el té rojo no la permitían conciliar el sueño.  Aún así, madrugó mucho.  Me llamó bastante antes de las ocho de la mañana.  Yo, con la siesta, me había acostado tarde. No pude volver a conciliar el sueño.  Por segundo día consecutivo estaba demasiado cansado para disfrutar del día.

Sus expectativas de perder peso no se materializaron.  Cuando quedábamos, comíamos en casa pero cenábamos fuera. A ninguno de los dos nos apetecía cocinar dos veces en un mismo día.  Tampoco nos apetecía repetir comida.  El régimen prohibía grasas pero cenábamos alimentos sanos como ensaladilla rusa, queso,  hamburguesas y croquetas.  Comida sana y cena grasienta es una sentencia de muerte para cualquier régimen.

No creo haber estado jamás tan cansado como cuando hice este régimen.  Tener una novia que es incapaz de dormir cuando bebe estimulantes fue nefasto para mí.  Además ella se aburría con un novio que quería dormir lo suficiente.  El que ella quisiera compañía significó que estuve durante dos días seguidos más cansado de lo que haya estado nunca.  Yo estaba tan cansado que me dolía. Se me ha formado una asociación indeleble entre intentar adelgazar y además de no perder peso, estar tan cansado que no puedo con mi alma.

El régimen de té rojo no funciona si se cena fuera.  Es necesario tanto desayunar como comer como cenar comida casera con un mínimo de grasas.  Comida frita o con mayonesa tipo croquetas o ensaladilla rusa es una sentencia de muerte para cualquier régimen.  Tengo la impresión que con este régimen se puede el peso que dice que se pierde en muy poco tiempo.  Como todos los regímenes donde únicamente se cambian los hábitos a corto plazo el peso perdido se gana con creces.  El famoso efecto yoyó causado por los regímenes a corto plazo.

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