Operación Triunfo comenzó hace cuatro años en la primera de Televisión Española.  Es un concurso donde los participantes están recluidos en una academia donde aprenden a cantar.  Todas las semanas cada uno de ellos hace una actuación en solitario.  En la primera fase un jurado nomina a los dos concursantes que les ha gustado menos.  El público llama a un número de tarificación especial para votar a su preferido.  La persona que saque menos votos es expulsada.  En la segunda fase el público vota a cualquiera de los concursantes. Otra vez echan al menos popular.   En la gran final quedan tres.  El más popular gana. Muchas veces hicieron más votaciones, por ejemplo para decidir quien representaba a España en Eurovisión.  Este concurso es muy seguido.

Yo decidí ver este evento televisivo su primer año.  Había oído que esto se trataba de un programa de calidad.  Una cosa distinta a la mierda que se suele ver en televisión.  Encendí la televisión.  Lo primero que vi es que anunciaron números de tarificación especial para salvar a tú concursante favorito.  A mí los números de tarificación especial me parecen un atraco a los ignorantes.  Desde ese momento le pillé odio a ese concurso como a cualquier programa cuya fuente principal de ingresos sea que alguien en su casa decida gastarse más de 150 pesetas en intentar salvar a su concursante favorito.  

Otro motivo por el cual le cogí asco al programa es que una persona pueda votar las veces que quiera.  No gana el más popular, sino el qué más ingresos haya generado a la cadena de televisión.  Este es otro claro ejemplo de los programas de televisión, generalmente de bajo coste, basados en atracar a todos los que puedan.  Las productoras no se conforman con el pastón que recaudan a través de la publicidad.  Encima hacen concursos donde cada persona pueda votar tantas veces quiera.  Los que se empeñan en que su concursante no sea expulsado podrían llegar gastarse cientos de euros sin nada a cambio.  Esto es un robo.  Odio los programas basados en robar al público.

En la primera temporada de OT, le cogí tal desagrado que tardé muchos años en ver un programa entero.  Me pongo nervioso cada vez que oigo una canción de alguien que crea provenir de esta primera temporada.  Detesto a David Bisbal con toda mi alma, porque lo identifico como proveniente de ese atraco.  Afortunadamente no recuerdo ningún otro concursante.  Considero que todo lo que haya salido de este programa basado en robar al incauto es deleznable.  La razón es simple: odio a los ladrones.  Un concurso donde se premia al que más fondos haya recaudado no está basado en talento.  Está basado en robar.

A mi novia le gusta mucho OT por lo cual lo he visto algunas veces en su casa.  Veo fácil que te puedas encariñar con algún concursante.  Además sus actuaciones son bastante entretenidas.  También es posible seguir sus vidas durante el tiempo que permanezcan encerrados, lo que satisface las necesidades de ser unos mirones que por lo menos yo tengo.  

Mi primera impresión del programa, formada durante su primera temporada, fue corroborada.  El presentador no hacía más que animar a los espectadores a votar.  Los precios de los números de tarificación especial estaban escritos, en el fondo de la pantalla, en una letra tan pequeña que no se puede leer.  Quien vota no puede saber de antemano cuanto se va a gastar en su voto.  Nada te impide votar decenas de veces.  No siempre cuentan tu voto.  En efecto, Operación Triunfo está basado en atracar a los ignorantes.  La cadena que lo echó, además del pastón que se llevó por la publicidad, se forró a base de robar a los menos informados.  Ladrones.