Durante el 2005 fui a visitar un amigo mío.  El tiene muchos juguetes electrónicos.  Uno de ellos era una PDA.  Es un ordenador de bolsillo. Tiene menos de dos centímetros de grueso y la superficie de dos cajetillas de tabaco.  Casi toda la parte delantera está ocupada por una pantalla táctil.  Se maneja  con un lápiz que tiene la punta de goma.


Cuando vi que se podía escribir con el trasto, decidí que quería uno.  Tengo dos dominios de Internet.  No publicaba apenas nada en ellos.  Me da mucha pereza escribir en casa.  Hay tantas cosas que hacer con el ordenador que lo último que me apetece hacer es escribir.  Prefiero navegar.

Me dije que una PDA serviría para escribir estando en transporte público.  Así, además de matar tiempo, podría crear contenido.  No me hizo cambiar de opinión el que un amigo mío me dijese que no la iba a sacar provecho.  Me dijo que era tirar el dinero.  Yo seguía empecinado en tener el trasto.  Me la acabé comprando como regalo de cumpleaños en el 2005.

Está siendo uno de los mejores regalos que jamás me haya hecho.  La he utilizado casi todos los trayectos en transporte público que he hecho sólo.  Sea en metro, tren, autobús o avión, se me están haciendo mucho más cortos los viajes.  El tiempo se me pasa volando.  Cuando tiene la batería baja, y la tengo que apagar, me aburro.  Me compré un cargador de viaje para cuando estoy fuera de casa.  Llevo el cargador siempre encima.  Así si me quedo sin batería a la ida, podré escribir a la vuelta.

Con la PDA tardo uno o dos días en escribir un artículo.  En algunos de mis rollos macabeos, que he publicado en esta Web, es posible que haya tardado más de una semana.  Escribo a la mitad de velocidad que con lápiz y papel.  Bastante más lento que con el ordenador.  No tengo prisa.  Casi únicamente la utilizo donde no hay más cosas que hacer que mirar al que está enfrente.

Estoy escribiendo más rápido de lo que estoy publicando en mis blog.  Tengo en estos momentos unos 15 artículos pendientes de subir a la Web.  Cuando elijo un artículo para publicar, lo abro con mi  procesador de texto.  Me lo leo, cambiando las cosas que no me gustan.  Este proceso lo repito hasta que no encuentre nada que cambiar.  Voy a la caza de fallos de ortografía y gramática.  Por supuesto, como pueden pasar meses entre que escriba un artículo y lo publico, hago a veces cambios sustanciales. Mis artículos no quedan perfectos.  En los doce años seguidos que pasé fuera de España, se me ha olvidado bastante de la gramática que aprendí en COU.  Se hace lo que se puede.