El fin de semana del 18 y 19 de setiembre vi que había una excursión de senderismo   Como las excursiones largas son de las mejores formas que he encontrado de conocer a gente nueva me apunté.  Por desgracia se me olvidó la camera por lo que no hay más pruebas de lo que me pasó que mi palabra.

La excursion empezó de forma inmejorable.  Se salía de la estación de Embajadores a las siete y media de la mañana.  Yo ese día puse el alarma a las cinco de la mañana para tener tiempo para hacer la maleta y tomarme el café sagrado antes de ir hacia el punto de salida.   Me despertó una llamada de los guías informándome que el autobús salía sin mi.  Mi alarma no me había despertado.  No hay nada mejor para empezar un día como una buena alegría.

Me sentó muy mal eso de perderme una excursión que había pagado.  Si no hubiese sido por el hecho que había abonado un suplemento por tener habitación individual en el hotel donde pasábamos la noche seguramente me hubiese quedado en Madrid.  Antes de colgar los guías por fortuna me informaron que se iba a dormir en el hotel Valentín en Aguilar del Campoo en la provincia de Palencia.  Tardé poco en averiguar que Renfe tenía parada en el pueblo.  Llamé a reservar sitio.  No me daba tiempo de llegar al primer tren del día.  El segundo tren estaba repleto a rebosar.  Tuve que buscar otros medios.

Llamando al hotel me enteré que la forma más sencilla de llegar a Aguilar era coger un autobús a Burgos y de ahí un autobús a Aguilar.  Vi que salía un autobús a Burgos a la una.  Ahora se trataba de averiguar a que hora salía el autobús a Aguilar.  Después de alguna hora llamando obsesivamente a la estación de autobús de Burgos me informaron que había correspondencia y que sólo salía un autobús al día.  A las 13:00 empecé mi viaje.

Tuve que esperar una hora y media en la estación de autobús de Burgos.  Eso fue más desagradable de que lo que debía haber sido ya que estaban remodelando el bar.  Leyendo y bebiendo llegó la hora de partir.  El autobús que me llevó a Aguilar era una monada, así pequeñito y muy cuco.  Escuchando música durante el trayecto llegué 90 minutos después de haberme subido a la monada de autobús.  Ahora tocaba encontrar el hotel Valentín.  Al bajarme del autobús mi primera prioridad era encontrar un bar donde ir al servicio.  Cruzando la calle encontré uno.  Me pedí un café y pregunté por el hotel.  Había llegado a la cafetería del hotel.  Únicamente había tardado siete horas en encontrar el hotel desde el momento que salí de casa.  El que no tiene cabeza tiene que perder tiempo y dinero.

Al llegar a recepción me encontré a una guía del club de senderismo.  Me proporcionó la llave de mi habitación.  Como tenía ganas de mover el esqueleto después de tan largo viaje me di una vuela por el pueblo.  Andando por Aguilar me arrepentí de haberme olvidado de la camera.  Es uno de los pueblos más preciosos que he visto y me hubiese encantado retratar muchas de sus calles.  Calculé mal la duración de la vuelta y cuando llegué al hotel todavía quedaba mucho para la cena.  Me consolé con un cubata en el bar del hotel.

Después de cenar tenía ganas de juerga.  Estuve intentando encontrar con quien salir a  beber pero los pocos que salieron se me escaparon por lo que tuve que irme por mi cuenta.   Menos mal que no me importa mi propia compañía.

Al día siguiente me di cuenta que no se guardan los asientos reservados en el caso que se pierda el autobús.  A mi lado me tocó un gilipollas de mucho cuidado.  Eso fue el único aspecto desagradable del viaje.  La excursión de senderismo fue bastante bonita.  Nos habían informado que hacia el final del trayecto había una cuesta de mucho cuidado.  Quitando que alguna que otra vez estuve a punto de caerme hacia atrás por lo pronunciado de la pendiente no tuve ningún problema.   Tuve varias conversaciones muy agradables con gente mientras andaba.  Me volví a arrepentir de dejarme la camera.  Por suerte el gilipollas que me había tocado a mi lado se bajó después de media hora de autobús.

El motivo por el cual no me despertó el alarma probablemente tuvo que ver que la noche anterior había quedado con un amigo que no había visto en casi dos años.  Me comentó que tiene cancer terminal.  .  Que le quedaba menos de un año de vida.  Cuando me despedí de el me dolía el alma como pocas veces me había dolido.  Me tuve que consolar en un bar camino a casa.  Cuando estuve en Aguilar de juerga la noche siguiente, por mi cuenta, me ayudó mucho una conversación de una hora con una amiga mía.  Ya me parece haberme resignado a pronto perder a un amigo que quiero.  Le he visto varias veces más y no me ha vuelto a doler el alma.

Andreso