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Mi pueblo es Madrid

Estas son cosas de mi vida privada que me han pasado y que comparto aquí.
Por darme tanta vergüenza el no ser capaz de pronunciar correctamente la erre y porque mi nombre tiene bastantes erres decidí que necesitaba ayuda para aprender eso. Le había estado dando vueltas durante muchos años el asistir a un logopeda. Tomé la decisión estando en el paro al tener tiempo de asistir a especialistas. Si sigues leyendo verás el camino de bastantes años que seguí para aprender a hablar correctamente.

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A un amigo mío le ingresaron en el 2004 en un hospital de Leganés.  Sufrió un absceso dentro de un músculo.  Estuvo ingresado más de un mes.  Unos días después de que ingresara, yo y un amigo común decidimos visitarle. Quedamos en los andenes de la estación de metro de Príncipe Pío, un punto intermedio.  

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Ya he llegado a la edad en la cual la generación de mis padres se está empezando a morir.  En seis meses ya he ido a tres funerales.  Un hermano y un cuñado de mi madre y el padre de mi ex novia.  Ya empezó la sangría.

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Aunque durante la mayor parte de mi vida me han sobrado bastantes kilos, nunca había seguido ningún régimen de adelgazamiento.  La primera y última vez ocurrió a principios del año pasado con mi ex novia.  Ella leyó en una revista acerca de un maravilloso régimen a base de té rojo.  En los cinco días que duraba la cura se debía perder cuatro kilos.  Lo seguimos.  Fue un rotundo fracaso.

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Durante muchos años he estado aquejado por lo que yo considero un caso severo de acné en la espalda. En otras palabras mi espalda estaba siempre llena de espinillas infectadas. Harto de este panorama acudí a un dermatólogo para ver si me podía proporcionar alguna solución. La solución propuesta fue efectiva y al cabo de unos meses de sufrimiento pude solucionar este problema estético satisfactoriamente. Si te interesa leer como fue el tratamiento puedes elegir leer el resto del artículo.

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Tardé años en poder ir al logopeda. Tras tres años de espera y una operación , al final me dieron cita. Me atendió una doctora foniatra. En otras palabras ella se había especializado en la pronunciación. Ella me escuchó hablar durante unos minutos. Me dio dos opciones: trabajar el tartamudeo o aprender a pronunciar la erre. Yo, harto de no ser capaz de pronunciar mi nombre, elegí la erre. Pedí cita. Me dijeron que probablemente pasarían tres meses antes de que empezase la terapia. Tenía que traer un volante sellado por inspección médica cuando me llamasen.

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