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Camino Caminante Vereda

Unha peregrinaxe pola Galiza urbana

A mi me cuesta mucho entablar conversaciones con desconocidos en bares.  Tengo un método infalible para conseguir un poco de palique, que consiste en acercarme a alguien y decirle "Hola, me llamo Andrés, tú como te llamas?" pero sólo me atrevo a utilizarlo en viajes organizados y excursiones de senderismo.  Necesito compartir un poco de terreno común, como el estar compartiendo un viaje, para que me atreva a soltar mis cuatro palabras mágicas.  En bares me horroriza el molestar al prójimo.  Apenas nunca me he atrevido a hablar con extraños en el gran mundo desconocido. 

Intente buscar gente con quien quedar a través del Meetic.  Hice un barrido por Vigo y Pontevedra.  Si no me equivoco, me puse en contacto con todas las mujeres inscritas en el Meetic que vivían en Pontevedra.  Las únicas respuestas que recibí a mis correos electrónicos fueron de mujeres que o bien pasaban la semana santa fuera de Galicia o bien que leyeron mi correo después de que yo ya hubiera vuelto a Madrid.  No hubo ni una mujer de las que contacté que permanecían en Galicia la semana santa que quisiera participar en aliviarme mi soledad este viaje. 

El vuelo el jueves de Semana Santa salió muy temprano.  Para llegar a tiempo decidí llamar a un taxi para que me esperara en mi portal.  Llegué con muchísima antelación al aeropuerto y la facturación fue casi instantánea, con los aparatos que te imprimen la tarjeta de embarque.  Hubiera perfectamente podido ir en trasporte público aún siendo tan inmensa la T4.  Llegué con hambre y sed.  Me pedí un tanque de cerveza y un sándwich.  En cuanto tengo la cerveza encima de mi bandeja, la tiro sin haberla probado.  Menos mal que la camarera se apiadó de mí y me puso una fresquita.

En el aeropuerto de Santiago cogí el autobús a la ciudad y desde la misma estación seguí hasta Vigo, mi primer destino.  El hotel estaba en el centro de la ciudad pero como la estación de autobuses estaba en las afueras tardé una hora en llegar a él.  Por el camino, arrastrando mi maleta, metí el pie en una de esas cosas que están por la calle donde plantan los árboles y me caí cuan largo era.  No hubo testigos.  Al dejar la maleta en el hotel salí hacia el museo del Mar.  Este museo está  dedicado a la pesca en Galicia.  No había nadie en él aún siendo gratis la entrada.  Desde el museo del Mar anduve los cuatro kilómetros hasta el centro de la ciudad.  Cené pulpo delicioso en un restaurante tras fracasar en mi empeño de localizar una pulpería.  Después de cenar me fui a la zona de Churruca la cual una moza del Meetic me contó que era una de las zonas de mejor ambiente de Vigo.  Acabé en un pub con música tranquila, con unas ganas locas de hablar con alguien, y sin atreverme.  La barra estaba llena de gente que no hacía más que mirar al frente.  Apenas hablaban entre ellos aunque parecía que se conocían.  De vez en cuando hablaban con los camareros.  No me atreví a soltar el "Hola, me llamo Andrés"  La siguiente mañana me desperté deprimido.  Se me pasó con el segundo café.

El viernes santo cogí el tren a Pontevedra, mi segunda parada.  Otra vez el hotel estaba en el centro, al lado del casco viejo, y la estación de tren en las afueras.  Un buen paseo después llegué a mi destino.  Como el día anterior se me había estropeado mi navegador GPS, tuve que orientarme con los mapas de Google en mi móvil.  Es una maravilla tener a tu disposición las direcciones para llegar a cualquier lugar del mundo en tu bolsillo.

Tareixa me había hablado muy bien de Combarro .  Me dijo que estaba cerca de Pontevedra y me decidí visitarlo.  En el hotel me dijeron que estaba a 2 km pero en cuanto se lo pregunté a un taxista me dijo que estaba a más bien 12 km.  Le dije al taxista que me llevara.  Hablamos de la vida en Pontevedra durante el trayecto.  Me dijo que había muy poca oferta de trabajo en esta parte de Galicia por lo cual era muy normal permanecer mucho tiempo en el paro si se perdía el trabajo.

Ya había estado en Combarro anteriormente , en otro viaje a Galicia.  Aún así me encantó.  Una calle estrecha de piedra con muchos  hórreos en la acera que daba hacia el mar.  Edificios de piedra.  Parecía todo antiguo.  Ambos lados de la calle estaban llenos de tiendas abiertas el mismísimo Viernes Santo.  Vendían artículos para los muchos turistas que había paseándose por el pueblo.  A mí con tanto sitio donde comprar se me pusieron los dientes tan largos  como se me ponen en el rastro.  Pendientes, camisetas, regalos, absorbieron bastantes de mis cuartos.  Ahora llevo un pendiente con motivo celta que me compré ahí.  El único momento negativo fue la vuelta a Pontevedra. El autobús llegó con más de media hora de retraso y la parada no estaba señalizada.   

Al llegar a Pontevedra, encontré la oficina de turismo y recogí los planos de rigor.  Seguí una ruta peatonal por el casco viejo recomendado en una de las guías.  Todo este casco era peatonal, con tanto la superficie de las calles como los edificios de piedra.  Me encantan estos edificios de piedra antiguos.  Después de ir al hotel a por ropa de abrigo, volví al casco viejo.  Había oído que al ser Viernes Santo, había procesiones.  Vi cofradía tras cofradía arrastrando o empujando sus vírgenes y cristos.  Algunos de estos iconos iban montados encima de carros mientras que otros era necesario llevarlos a puro golpe de músculo.  Impresiona ver cofrade tras cofrade disfrazado de  Ku Klux Klan.  La cara tapada por la capucha alta y puntiaguda.  Lo único que se veía eran sus ojos, rojos a la luz del flash.  Impresionante tanto fervor religioso. 

Cené un delicioso rodaballo y queso del país.  Después fui buscando algún sitio para tomar la penúltima.  En el segundo sitio al que fui ya tenía unas ganas locas de hablar con alguien.  Al final me atreví a decirle a un grupo la frase mágica de "Me llamo Andrés".  Una de las miembros del grupo era una mujer llamada Teresa que cada vez que me miraba, se reía.  Después de soltarla mi frase mágica pude mantener una conversación normal con ella.  Estoy seguro que Teresa sufrió mi barrido por Pontevedra.  Chatee un tiempo después con otra mujer de Pontevedra y esta me dijo que yo había causado furor por lo completo del susodicho barrido.

El sábado llovía.  Después de encontrar un bar donde tomar mis tres cafés matutinos, compré un paraguas en una tienda de 20 duros.  Después de dos horas de tren y hora y media andando llegué a mi hostal en A Coruña. Me asignaron una habitación limpia, sin ventanas y lo peor, sin enchufe para cargar el móvil.  Salí de mi hostal hacia las 14:00 y no volví hasta pasada la medianoche.  Lo primero que hice fue comer unos deliciosos callos con garbanzos en
un restaurante donde hacía tanto frío que no me atreví a quitarme mi
abrigo todo el tiempo que estuve ahí.  Después vi caer un granizado impresionante en una cafetería donde me recuperaba de la comida a base de cafés y cervezas.

A Coruña me pareció una ciudad muy fea.  Claro, tiene el casco peatonal y el paseo marítimo que son preciosos pero yo me adentré por la ciudad hasta la torre de Hércules.  Toda la zona cercana a este monumento era triste, deprimente, poco estética.    Llovía y hacía mucho viento en A Coruña. Mi paraguas aguantó bastante poco tiempo antes de quedar perjudicado por una ráfaga de viento en las afueras de la ciudad.  Después de la visita a la torre de Hércules y alguna parada estratégica para ingerir cerveza o cenar, ya era la hora de acostarse.  Este día fue el que menos me relacioné con la gente.  Un compañero del trabajo iba a pasar unos días de vacaciones en esta misma cuidad pero por desgracia yo había apuntado mal su teléfono.  El destino no quiso que este día practicara mis habilidades conversacionales.

El domingo santo había quedado con Sofía, la hermana de Tareixa en Santiago.  Gracias a haber cargado el móvil en el bar donde desayuné tenía los medios imprescindibles para contactar con ella.  Al final iba a tener con quien hablar.  Quitando la conversación de Pontevedra, había estado sólo todo el tiempo.  Al final vinieron toda su familia.  Tareixa volvía a Madrid por lo cual lo primero que hicimos, después de las cañas de rigor, fue acompañarla a la estación de tren.  Después me quedé a comer con su familia.  Acabamos en un restaurante donde comí un pulpo a la parrilla esplendido.  Intenté infructuosamente invitar a la familia de mi amiga al manjar que habíamos disfrutado juntos, pero no fue posible.  El padre me vio charlando con el camarero y marcó la ley.  El camarero cuando nos volvió a servir, tenía cara de pocos amigos.  Me quedé con Sofía de juerga hasta las 3 de la madrugada.  El avión salía a las 7 por lo cual otra vez me tocaba coger un taxi después de haber dormido muy poco.  El día siguiente fui a trabajar.  Si no hubiera sido porque conseguí dormir en el avión me habría ido a mi casa.  Estuve mareado todo el día.

Me asustó mucho hacer esta peregrinaxe pola Galiza urbana sólo.  Afortunadamente me gusta mi propia compañía, por lo cual no me aburrí ni lo más mínimo.  Cuando estaba parado en un bar o un restaurante me dedicaba o bien a escribir cartas o correos electrónicos con mi móvil.  Escribir me chifla y dedicarle los momentos muertos a mi pasión hizo que el tiempo se me pasara volando.  Por desgracia mi móvil se desconfiguró durante la semana santa.  Al llegar a Madrid vi que había nueve correos electrónicos pendientes de enviar. Fui capaz de sacarlos del móvil y mandarlos desde mi ordenador pero salieron con bastante retraso.

 Besos,

Andréso 

 

 

 

 

badoo es extraordinariamente decepcionante

se me ocurriço la gracia de pagar una subscripcición premium a badoo. vaya decepción. no me deja escribir a ninguna mujer. ya sé que no soy el más guapo ni que tengo las mejores fotos. aún así tengo una opción de pago y no me deja contactar con nadie. esta el tema de deslizar 50 veces a ver si hay alguna mujer que le parezco interesante de las que a mi me han interesado. ahí me cae una o dos posibilidades de mandar mensajes al día. no es suficiente teniendo en cuenta que he pagado por la opción profesional. tienen otro sistema de pago, los putos créditos de los cojones donde hay que pagar para mensajear. me toca inmensamente los cojones que su opción profesional no valga para nada.

me jode la avaricia de las empresas que quieren dinero por todas las partes posibles. sí. he pagado por badoo profesional y me siento un verdadero gilipollas por haberlo hecho. ninguna ventaja en absoluto. una aplicación de ligar donde su opción de pago únicamente me permite ponerme en contacto con una o dos mujeres al día es una bazofia. no os lo recomiendo. quieren más y más dinero para contacto interpersonal. ojalá la avaricia les rompa el saco. quieren más de un euro por cada mensaje que mande. esta gente me ha puesto de mala ostia. lo seguiré usando un tiempo por eso de haber sido suficientemente gilipollas para haberles dado mi dinero pero estoy absolutamente encabronado con ellos. indignante tener una opción de pago que no me permita dar palos a ciegas.

he sido lo suficientemente estúpido por haber pagado por la versión profesional de una aplicación de citas regentada por avariciosos. no os lo recomiendo

La aberración de las 13 sílabas

En este poema de 13 versos de 13 sílabas vehementemente proclamo que eso de escribir poesía con 13 sílabas es una perversión tan grande que cualquier medio es apropiado como castigo. Es necesario un poco de seriedad en esta vida y eso desde luego que no se consigue con poemas de longitudes estúpidas. A quien se le ocurre usar un número maldito cómo el 13 en una composición, sea lírica o no.  Ciertas aberraciones no se pueden consentir

Un poema de 13 sílabas es una aberración

De trece sílabas poemas no se hacen
Reducir restricciones labor de escritor
Insensato y ruin, verdadero traidor
Tú mereces que te fulminen y desbracen

Amantes de ese número desprenden hedor
Más lejos de mí que un asco de procesión
Ojalá mueras sin ninguna dilación
Disfrutaremos con verdadero fervor

Llamarte poeta es una perversión
Esa cifra, ingente asco me de nombrar
No permito que tú la puedas emplear
Que te corroa fulminante depresión

Quiero y deseo ver como te suicidasen

 

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En los coffee shop venden café

Bastantes semanas antes de salir, quedamos para buscar alojamiento.  Estuvimos mirando hostales, ya que no nos apetecía gastarnos demasiado dinero en dormir.  Vimos muchos y no nos decidíamos por ninguno.  Al final le dije a Tareixa, ¿qué te parece este?  y ella me dijo que lo pillara.  Era un hostal en pleno barrio rojo con doce camas por habitación.  El cansancio había podido con nuestro deseo de encontrar lo mejor.  A medida que se acercaba la fecha de salida,  nos fuimos pensando dos veces compartir habitación con tanta gente y además en un lugar tan interesante como ese maravilloso lugar de libertinaje.  Quedábamos otro día para ver si encontrábamos algo mejor.  Estábamos dudando entre una casa barco y un hotel.  Nos ahorrábamos unos 60 euros con la casa barco por lo cual el día siguiente cancelé la reserva en el hostal del barrio rojo y alquilé un camarote con dos literas en el B&B Friesland.  En el precio de esta maravillosa casa barco estaba incluido un delicioso desayuno.  Investigando, descubrí que el autobús entre Eindhoven y Amsterdam salía tres veces al día y que costaba €45 por persona ida y vuelta. 

Vi una oferta para alquilar un coche por €89.  Eso era un poco menos que el precio del autobús ida y vuelta.  Además nos iba a dar bastante flexibilidad.  Se me volvieron a poner los dientes largos y lo alquilé.  Yo no contaba con el precio del seguro todo riesgo ni con la gasolina, por lo cual acabamos pagando el doble por el coche de lo que hubiéramos pagado por el autobús. Además el día de regreso el coche nos provocó toda clase de estrés.

 La noche antes de que saliéramos, nuestros compañeros de trabajo desearon embriagarnos.  Primero fuimos con Xurxo a ver una exposición de fotografía de un amigo suyo.  Estaba muy en las afueras de la capital, a bastante distancia de una estación de metro mal comunicada.  Luego fuimos en taxi a nuestro bar favorito .  Yo estaba bastante preocupado ya que el avión salía el siguiente día a las 06:30 y por aquel entonces me sienta mal dormir demasiado poco.  Nuestros amigos amenazaban con tenernos bebiendo como cosacos hasta que despegáramos.  Si eso fuera poco además nos pusieron encima de la mesa la oferta de acompañarnos al aeropuerto.  No teníamos la maleta hecha por lo cual a las 21:30 ya estábamos preparados para irnos.  Otra amiga insistió en que nos tomáramos la penúltima.  No pudimos despedirnos hasta las 23:00.  No nos dormimos hasta las 03:00 y a las 04:30 había puesto el alarma.  Hacía falta estar preparados cuando el taxi nos recogiera.   Llegamos a Eindhoven a las 09:00.  Mientras nos estábamos tomando el café para coger las fuerzas suficientes para que Tareixa pudiera conducir hasta Amsterdam, me noté inestable.  Tuve que tomarme una pastilla para que mis pies volvieran al suelo.

Al recoger el coche pagamos €50 extra por un seguro a todo riesgo y otros €60 por la gasolina.  A cambio de conseguir flexibilidad, nos salió bastante más caro que el autobús.  Tardamos en orientarnos por las autopistas holandesas.  Empezamos nuestro recorrido en la dirección equivocada y tardamos una salida en volver al camino correcto.  Circulábamos por el carril de la derecha por lo cual en la siguiente salida nos salimos de la autopista.  El resto del camino, lo hicimos por el del medio.    Fue muy simple llegar a Amsterdam.  La misma autopista comunica las dos ciudades.

Tanto yo como Tareixa consideramos los colores muy interesantes.  Desde que una persona me vio el aura blanca, habíamos llegado a la conclusión de que el camino tan bonito que compartíamos era de un color puro blanco.  Empezamos a hablar de que tono nos veíamos el uno a la otra.   Yo la conté que la veía verde primavera.   Al hacerme más maduro dejé atrás ese  blanco que mucho abarcaba y poco apretaba. Había llegado al verde del tono de las hojas cuando los árboles empiezan a florecer.  Seguí viendo a Tareixa con un color muy parecido al que yo creía tener ya que la seguía considerando mi alma gemela.  Únicamente la veía un poco más pálida.

Ella me contó que me veía naranja.  Profundicé para ver que adjetivo seguía a ese color y me dijo que hogar.  Ella me veía de un color naranja hogar.  No pude resistir la tentación de decirle que hay bastante rojo en el naranja y que el rojo es el color de la pasión.  Me encantó ver su cara.  Siempre consideré divertido sacarle la lengua a alguien que quiero mucho.  Para ella la pasión no tenía cabida en algo tan bonito, tan tranquilo como el puro blanco que compartíamos.  Aunque la sigo amando mucho mucho, todavía no he sentido la necesidad apremiante de ir más lejos.  Ella ojalá alguna vez me haga agasaje con compartir esa pasión conmigo, pero con todo lo que me ha regalado espero nunca presionarla hasta hacerla sentirse incómoda. 

Una cosa que me ha gustado mucho del color con el que me veía es que según lo que he leído el naranja rojizo es el color de la lujuria.  Después de tantos años de únicamente compartir relaciones platónicas con mis almas gemelas, deseo conocer la pasión, y la lujuria de una vez por todas.  Necesito perderle todo el miedo, todo el respeto al sexo, tan inalcanzable a lo largo de mi vida. Necesito aprender a coger lo que tanto anhelo.

En el coche la pedí un deseo que se cumplió al pie de la letra.  Yo la dije que deseaba una relación más complicada.  Lo único que quería era jugar con el sexo.  Siempre me he sentido muy seguro al lado de Tareixa, y me hubiera gustado practicar flirteo con ella.  No tenía necesidad de que ella me acogiera dentro de si, pero deseaba un cierto elemento sexual que añadiera picante a nuestra hermosa amistad.  Sería un lugar ideal para haber practicado lo que necesito saber a la hora de coger.  Un lugar seguro, sin riesgo.  El destino cabrón oyó mis palabras y dijo: "Quieres complejo?  Pues toma complejo…"  Lo nuestro ha dejado de ser para mí una relación de adolescentes y ha pasado a ser entre adultos, y no conozco más que algunas pocas de las reglas de esta nueva fase que compartimos.  Después del tercer concierto de Antonio Vega al que hemos ido juntos, lo nuestro ha llegado a unos niveles de complejidad que no he vivido jamás.  Esta tercera fase la acabamos de iniciar.

En las afueras de Amsterdam hay aparcamientos subsidiados que se llaman P&R o Park and Ride .  Te vale €6 al día dejar el coche ahí y te dan dos billetes de transporte público.  Cogimos el metro hacia la estación central de Amsterdam.  El Friesland se encontraba muy cerca.  Al llegar vimos una oficina de turismo, pero decidimos marcharnos directamente a la casa barco cuando vimos la ingente cola que había.  El barco nos encantó en cuanto pusimos los pies encima.  En la planta superior había un amplio bar donde se podía fumar.  En la planta de abajo, donde estaban los camarotes, pero por desgracia estaba prohibido fumar.  En el bar había una nevera con bebidas.  Podías servirte de lo que hubiera y dejabas €1.50 por consumición en la caja de las propinas. 

Después de preguntar a Jon, el propietario de la casa barco, que podíamos ver, nos dijo que lo mejor era ir a Waterlooplein, un mercado al aire libre que nos pillaba cerca.  Salimos hacia ahí.  En cuanto llegamos vimos un puesto donde vendían unas chaquetas tibetanas que nos chiflaron.  Había varias chaquetas naranjas y varias chaquetas verdes.  Teníamos la posibilidad de vestirnos cada uno con el color con el que le veía la otra.  Se nos pusieron los morros calientes y empezamos a regatear con el propietario del puesto.  Conseguimos rebajar el precio bastante, pero nos dio miedo quedarnos sin dinero. Nos fuimos sin comprar.  Decidimos volver el lunes al mercadillo pero por desgracia cuando llegamos ya habían cerrado.  Las chaquetas tendrán que esperar a la siguiente vez que vayamos a Amsterdam.

En Amsterdam no es demasiado caro comer.  Únicamente cuesta un par de euros más que en Madrid.  La cerveza es más barata.  Eso sí, un café te sale por más de dos euros.  Cualquier bocadillo en un puesto de comida rápida ya sube de los €4.  El primer día comimos un plato combinado de carne, un solomillo muy tierno, por 10 euros.  Después nos dedicamos a patear la ciudad.  Llegamos a la parada de uno de los barcos que recorre los canales de Amsterdam y nos subimos a él.  No nos informamos lo suficientemente bien antes de comprar los billetes.  Ese día los barcos únicamente navegaban una hora más.  Por lo menos el día siguiente podríamos disfrutarlo hasta el mediodía.  Nos bajamos en la zona de los museos y encontramos nuestro destino para el día siguiente, el museo Van Gogh .

Al regreso encontramos un bar muy agradable donde nos pasamos varias horas charlando sobre nosotros, sobre la vida y el mundo en general. Yo la conté que había que tener mucho cuidado con lo que se deseara sobre todas las cosas, ya que lo más probable era que se cumpliera.  El deseo supremo que tenía era tener una compañera de viaje.  Compartir un viaje con una mujer a la cual quería mucho mucho mucho. Tareixa hizo mi deseo sobre todas las cosas realidad en este viaje.  Veo posible que si mi deseo supremo hubiera sido encontrar con quien compartir el resto de mi vida, lo más seguro es que hubiéramos tenido una relación muy distinta, más intensa.  Lo que deseo en presencia de Tareixa tiene cierta tendencia a cumplirse.  Primero lo de tener una compañera de viaje, y luego una relación más compleja.

Le pedimos a una mujer de una mesa vecina que nos hiciera una foto y la pobre al levantarse se tiró su cubata encima.  Nos reímos mucho del asunto en los días venideros.  Tareixa, que no es experta en inglés, fue capaz de enterarse que la pobre mujer estaba tomando un mojito, de pedir uno fresquito a la camarera y de pagarlo. Me sentí tan, tan orgullosa de ella, de averiguar que su impresión de sus habilidades con el inglés era bastante inferior a la realidad.  Menos mal que no hacía mucho frío esa noche porque la pobre mujer se quedó totalmente empapada.

 A la vuelta vimos un cartel de Estrella Galicia en la puerta de un restaurante.  Entramos y cenamos comida rápida por poco dinero.  Por desgracia no vendían las Estrellinhas, el cartel era únicamente de decoración.  El restaurante lo llevaba un hombre que además de cocinar, atendía a las mesas.  Llegamos al Friesland y bajamos las maletas a nuestro camarote.  Para nuestro horror descubrimos que hacía falta poner las fundas a los edredones.  Habíamos dormido menos de dos horas y lo último que nos apetecía era luchar para meternos en nuestras cálidas camas.  Yo sólo no fui capaz de ponerlas. Entre los dos pudimos zanjar rápidamente el asunto y entrar en los brazos de Morfeo, el cual nos acurrucó en sus mullidos brazos hasta el día siguiente.

El plato fuerte de este día fue el museo Van Gogh.  El pintor era un verdadero genio, aunque enloqueció hasta tal punto que se cortó parte de una oreja con una navaja y se suicidó unos meses después.  Nos alquilamos audio guías y estuvimos escuchando todas las explicaciones que había para los cuadros de la exposición.  Nos inhalamos el museo entero incluyendo las exposiciones temporales aunque nos dejamos una planta ya que yo acabé mareado de tanta cultura.  Preferimos marearnos con el humo de un cigarro y no con más arte… Hubo una planta del anexo de las exposiciones temporales que no pisamos.  Nos quedamos sin ganas de ver un artista invitado, porque ya no podíamos más. Como si fuera poco, no había explicaciones en la audio guía acerca de ninguna obra de la exposición temporal.  Necesitábamos sentir el aire en nuestras caras y el humo en nuestros pulmones.  El día siguiente descubrí que es posible entrar y salir de un museo tantas veces se quiera con el mismo billete. Eso no lo sabía o habría intentado volver.

Después de comer llegamos al centro de Amsterdam y nos dirigimos con pie firme al museo del sexo.  La entrada costaba únicamente 3 euros.  La exposición era sobre como se ha vivido el sexo a lo largo de la historia, desde la prehistoria hasta el presente.  Había desde diosas de la fertilidad a consoladores de la época romana, hasta pornografía reciente.  A mí me impactaron los cinturones de castidad.  A la mujer a la cual sometían a esa brutalidad, le debían sangrar los muslos con cada paso que daba.   Nos encantó la exposición de fotografías pornográficas de finales del siglo XIX.  En cuanto se inventó la fotografía, tardaron muy poco en utilizarla para pornografía.

Nos dimos una vuelta por el barrio rojo.  Impresiona ver escaparate tras escaparate, cada uno con una mujer expuesta como si fuera un solomillo en un supermercado.  Impactante ver a tantas personas ofreciéndose  a quien fuera que quisiera alquilar unos minutos de su compañía.  Ahí esperando a que los clientes negocien las condiciones de la transacción con ellas.  Había varias calles donde no se veía más que luz roja tras luz roja en ambas aceras. Yo las miraba fascinado. A Tareixa le causó una significativa impresión.

Estábamos decididos a probar las drogas de los coffee shop.  El domingo iba a ser nuestro día de excesos.  Nos metimos en uno cerca del barrio rojo donde pedimos un café.  Tareixa se levantó para ir al servicio y al cabo de un rato la vi hablando con el camarero.  Me acerqué y creí que estaba hablando de marihuana.  Ni corto ni perezoso compré un gramo.  Sólo queríamos un canuto entre los dos y teníamos material para cuatro.  Eso es una consecuencia de ser ignorante acerca del mundo de las drogas.  Liamos el canuto y lo encendimos.   Nos entró mal rollo y nos retiramos temprano, sin cumplir nuestros propósitos de beber demasiado. A Tareixa le preocupaba bastante ya que yo tengo trastorno bipolar y mi psicóloga haía dicho que el porro pudiera tener efectos permanentes en mi estabilidad mental.  Estaba recien salido de otra crisis por enamorarme de ella. No encontrábamos una camera que yo le había prestado a Tareixa y eso la angustió.  Yo la dije el día siguiente, cuando apareció la camera, que cosas muertas no tenían ninguna importancia, que lo triste hubiera sido perder las fotos. Me hubiera gustado haber llegado tambaleando a la casa barco, pero el haber fumado sin ser experto en el tema, hizo imposible que siguiéramos bebiendo.

El siguiente día fue el turno del museo Stedelijk , él de arte moderno.  Estaba a diez minutos caminando desde el Friesland.  Aquí no había audio guías.  Nos tuvimos que conformar con leer todas las explicaciones de cada una de las obras de arte del museo.  Había muchas salas donde mostraban vídeos de arte moderno.  Para nuestra alegría descubrimos que se podía entrar y salir del museo cuantas veces quisiéramos, lo que nos permitió tomarnos un merecido descanso en el bar de la planta superior del edificio.  En la segunda planta había varias pantallas donde mostraban fotografías de artistas conocidos.  En un ordenador se podía escoger de cual de los 60 fotógrafos veías las fotos.

Intentamos alquilar una bici pero desistimos ya que la tienda cerraba muy temprano.  No nos hubiera dado tiempo de disfrutar lo suficiente de ellas.  Además el seguro me pareció excesivamente caro.  Nos dirigimos al mercadillo de Waterlooplein donde habíamos estado el sábado.  Llegamos después de que hubiera cerrado.   Cenamos en un restaurante tibetano, delicioso, y nos volvimos al Friesland donde desconectamos un rato compartiendo una cerveza.  La marihuana que nos sobró se la dejamos de propina a Jon, junto con nuestras llaves y el dinero por las cervezas.  No nos queríamos arriesgar a pasar la noche en comisaría por unos miseros 7 euros de maría.

El último día nos despertamos a las 04:15.  El taxi nos recogía a las 04:45.  Después de tomarnos el café frío, llegamos a la acera  justo en el momento en que aparcó el taxi.  Nos salió caro llegar al aparcamiento.  En Amsterdam cuestan bastante más que los de Madrid.  Al entrar en el aparcamiento, vimos que la oficina del Park and Ride donde habíamos dejado el coche estaba cerrada.  Había unas indicaciones para llegar a la oficina central del aparcamiento.  No fuimos capaces de comprenderlas.  La máquina no aceptaba nuestra tarjeta de Parking.  Llamé a un número de emergencias que había y se puso un caballero holandés que no sabía inglés.  No fuimos capaces de entenderlo.  Nos dimos una vuelta por el exterior buscando la dichosa oficina.  Bajamos y subimos por escaleras en obras.  Nos pateamos varias veces todo el aparcamiento sin dar con el lugar donde teníamos que pagar.  Al final vimos un coche aparcar y nos acercamos corriendo.  El buen hombre afortunadamente iba a la oficina.  Nos llevó casi de la mano.  Dimos brincos de alegría.  El único lugar por donde no nos metimos era el correcto.  Al final pudimos montarnos en el coche para ir al aeropuerto.  Todo el vuelo de vuelta lo pasamos durmiendo.  Al llegar a Madrid nos tomamos algunas cervecitas.  Esa noche ambos dormimos más de 14 horas.  Estábamos agotados de tantos días seguidos durmiendo poco.

Después de Amsterdam, lo que compartimos yo y Tareixa ha cambiado.  Yo, al haber conseguido mi deseo supremo de tener una compañera de viaje, me confié.  Tomé tres decisiones que involucraban a Tareixa sin consultar con ella si le apetecía que yo siguiera hacia adelante.  Una de ellas fue publicar este artículo en cuanto había acabado el primer borrador.  Me salió una monstruosidad que no la gustó nada.  Si únicamente hubiera editado el artículo varias veces antes de sacarlo a la luz pública la habría podido pintar tan hermosa como la veo.  Hubo un tiempo que me temía haberla perdido para siempre.  En esa fase de mi vida intenté descargarme las fotos de mi camera al ordenador. Había sacado bastantes fotos a Tareixa en Amsterdam y las quería de recuerdo, ya que creía que nunca más iba a tratar con ella. Curiosamente esta fase se inició después del segundo concierto de Antonio Vega, igual que puro blanco empezó con el primero.

El ordenador se había desconfigurado y yo creía que el problema era con la camera.  Intentando arreglarla rompí la tarjeta de memoria.  Llegué a mandarla desde una oficina en la que trabajé a una agencia de recuperación de datos, con tan mala suerte que puse la dirección de la agencia en el mismo lado del sobre que estaba el remite y la carta fue devuelta a la oficina.  Cuando la secretaria abrió el sobre, la tarjeta de memoria desapareció.  Hubiera pagado gustosamente cuatrocientos euros para tener en mis manos como recuerdo las fotos de Tareixa que había sacado, como creía que la había perdido para siempre.  Afortunadamente ella me ha dejado conservar alguna de las fotos que la he sacado posteriormente y hay una en particular que quiero imprimir para mirar cuando esté sólo y triste en mi casa.

 Besos,

Andreso

El servicio técnico de Orange es pésimo

A mí un proveedor que no ofrece un número gratuito para gestionar la cuenta de sus clientes ya por sí me parece una compañía pésima.  Orange ofrece el número gratuito 1414 pero este número es únicamente para altas nuevas.  Curiosamente en su sección de Internet y telefonía quieren que llames al número 902 012 240.  Osease aunque existe la opción de darse de alta en Orange, estos ladrones prefieren que llames a un número de pago que no está incluido en ninguno de los planes de llamadas gratuitas que se contratan al dar de alta la mayoría de las líneas ADSL.  Ahí se ve la ética de una empresa que miente diciendo que tiene un servicio técnico excelente y además te engaña sugiriendo que llames a un número de pago para darte de alta cuando disponen de un número gratuito para esos menesteres.  Osease en vez de informarte de que puedes darte de alta gratis esperan que pagues 9 centimos el minuto llamando desde un fijo y 48 centimos el minuto llamando desde un móvil.

Si ya eres cliente particular tienes que llamar a otro número de tarificación especial, el 902 012 220 para gestionar cualquier aspecto de tu cuenta.  Según No Más Números 900 en su sección de Orange , llamando al número fijo 912 521 200 durante horario de oficina puedes hablar con una operadora pulsando la tecla almohadilla de tu teléfono (#) que luego te transfiere al mismo contestador que llegas llamando al 902.  Ese número fijo estandar lo probé el 15 de marzo y no hubo ningún gasto adicional para hacer la llamada.  Otro ejemplo de la gran ética de esta empresa que miente jactandose de su maravilloso servicio de atención al cliente.  En No Mas Números 900 también mencionan que llamando al 900 900 067 llegas al mismo contestador enrevesado que con el número de pago. Este número no lo he probado todavía por lo cual no sé si te permite llamar gratis al servicio de atención al cliente.

Si llamas al número de atención al cliente te encuentras unas opciones de menú laberínticas de tres o cuatro niveles de profundidad.  Marque 2 para clientes existentes y esas cosas.  Maravillosamente bueno se podría decir muy irónicamente.  Lo que de verdad demuestra la calidad del servicio es que si te equivocas en la maraña de menús, te dicen que tienes que llamar de nuevo al excelente servicio de atención al cliente.  No te pueden transferir si te equivocas.  Una de mis múltiples llamadas la gestora me dio una secuencia de teclas equivocadas para llegar al servicio técnico donde quería llegar.  Osease encima que te obligan a llamar de nuevo en caso de que te equivoques te dan la combinación de pulsaciones equivocada para que tengas que volver a llamar al dichoso número 902.  Un servicio de atención al cliente maravilloso.

Una vez que llamé al número fijo que corresponde al 902, estuve en la cola de llamadas una hora.  Al final me cansé y colgué.  Imaginate la factura de teléfono pagando 9 centimos al minuto para encima no poder hablar con nadie.  Como se preocupan por sus clientes esta mierda de compañía.  Luego está la especialización de los departamentos.  La semana pasada hice unas 10 llamadas a Orange intentando conseguir mis datos de acceso al área de clientes de la Web para así poder consultar mis facturas.  No lo he conseguido todavía.  Cada departamente está tan especializado que si te equivocas pulsando cualquier tecla en el laberinto que es el menú del contestador de Orange tienes que volver a marcar el dichoso número 902.  Me encanta que una gestora no esté autorizada para transferirte a otro departamento.  Me encanta que no sepa la secuencia de pulsaciones necesaria para llegar al departamento que quieras llegar.

Tengo una amiga que ha trabajado durante varios años como gestora para Orange.  La pagaban 750 euros al mes.  Tenía únicamente 20 minutos para comer en toda su jornada laboral.  En el caso que se la ocurriera hacer cualquier llamada desde su teléfono al exterior incurría en una falta que suponía un castigo de dos días sin sueldo.  Por esta mierda de condiciones esperan que un gestor se pase las ocho horas al teléfono.  Un buen servici de atención al cliente tiene que tratar bien a sus trabajadores.  Abusando de tal forma de sus gestores ya se ve la calidad de servicio que ofrece Orange.  Les pagan un sueldo mísero y además las condiciones laborales de los gestores son pésimas.  El que te puedan llegar a mantener una hora en la cola de espera para hablar con un operador es otro ejemplo de lo racana que es esta empresa.  Además de pagar a sus trabajadores una miseria se ahorran los cuartos contratando tan pocos que para hablar con alguien si llamas a los números que recomiendan, te arruínas.  Cobrando tan poco es normal que los trabajadores salgan espantados por lo que lo habitual hables con una gestora que acabe de cometer el error de trabajar en estas condiciones tan pésimas y por lo tanto no sepa nada de como funcione el sistema.

Orange cuando lanzó su campaña de que proporcionaba un buen servicio de atención al cliente incurrio en la falta de hacer publicidad engañosa.  Directamente mintió porque ofrece uno de los peores servicios de atención al cliente que he tenido la desgracia de contactar.  Números de tarificación para hablar con alguien, opciones laberínticas, si te equivocas tienes que volver a llamar al número de atención al cliente, no te pueden transferir al departamento, esperas interminables para poder hablar con una gestora, gestoras que no saben nada.  No cometas el mismo error que yo contratando esta compañía que miente de esta forma tan descarada.  Buen servicio técnico. JA JA JA JA JA.

Besos,

Andreso

El fin de una era

En nuestra empresa hacíamos tele trabajo.  No podíamos trabajar en la empresa contratante por motivos sindicales.  Habían hecho una regularización de empleo y el sindicato se oponía con uñas y dientes a que subcontratados sustituyeran sus antiguos miembros.  Nos conectábamos a través de una VPN a la red interna del contratante.  A nuestro supervisor en la empresa contratante le gustaba saltarse a la torera las políticas de su empresa.  Casi todos los que hacían tele trabajo, únicamente podían acceder a las aplicaciones que les eran imprescindibles para hacer su trabajo.  Nosotros teníamos acceso completo a varios servidores.  Otro ejemplo saltarse las normas de su empresa era que, aún habiendo una política de cambiar regularmente las contraseñas, todos los servidores tenían la misma contraseña.  Era una palabra muy fácil de recordar.  El no se había preocupado de cambiarla en más de tres años.

Enseguida empecé a tener fricciones con el supervisor en la empresa de telecomunicaciones.    Había el típico problema de comunicación.  El supervisor en vez de dedicar el tiempo para que yo le pudiera comprender mejor, se quejaba directamente a mi jefe.  No me gustaba que no dedicara el suficiente tiempo a conseguir una comunicación fluida. No todos comprendemos lo mismo.  Me resultaba incómodo este trato.

Una de las funciones del supervisor era la de administrador de sistemas de su departamento.  La aplicación que usábamos para contactar con la VPN y administrar remotamente los servidores permite supervisar lo que se hace.  Se puede ver en todo momento lo que el trabajador remoto ve en pantalla.  Además se guarda un registro de todo lo que ha visto desde que inició la conexión en caso que haya que emprender acciones legales.  Nuestro supervisor tenía acceso a esta aplicación.  Según el nuestro analista nuestro supervisor tenía continuamente seis o siete ventanas abiertas donde monitorizaba a todos los trabajadores externos de su departamento.

Al supervisor le gustaba jactarse de que estaba vigilando en todo momento el trabajo de los externos.  Pensaría que al sabernos vigilados, no nos atreveríamos a distraernos.  Lo único que consiguió fue reducir mi calidad de vida.  Su forma habitual de decirnos que hiciéramos algo era hacer aparecer una ventanita en nuestro monitor.  Usaba un programa que es parte del sistema operativo.  En ocasiones he llegado a mantener conversaciones con el supervisor, el con sus ventanitas y yo escribiendo en un editor de texto.

Yo no tardé en llegar a la conclusión que los repetidos mensajes, ese insinuar que más me valía espabilarme en el trabajo constituían acoso laboral.  No puedo hacer nada respeto a ser vigilado, pero que se ensañen en hacérmelo saber, va más allá de lo que me gusta soportar.  Cometí un error muy grave.  A pesar de haber trabajado en la informática más de siete años, no me acordaba que la tecla de Imprimir Pantalla captura  la pantalla, permitiendo mostrar su apariencia en un momento determinado.  Si lo hubiera recordado, habría hecho una captura de pantalla cada vez que me hubiera mandado uno de sus mensajes  Si hubiera hecho las suficientes capturas habría llevado al supervisor y a su empresa a juicio por acoso laboral.

Aparte de los continuos mensajes que aparecían en mi pantalla, el primer evento que hizo insostenible mi situación ocurrió aproximadamente un mes antes que me fuera.  El analista de nuestra empresa estaba visitando al cliente.  Yo había acabado mis tareas y le había solicitado más trabajo a nuestro supervisor en la empresa de telecomunicaciones.  El supervisor estaba demasiado entretenido con nuestro analista como para asignarme ninguna tarea.    Yo mataba  el tiempo hasta que llegara la hora de irme a casa.  Al final decidí documentar algunas de las tareas que seguramente tendría que volver a hacer.  A la hora de rellenar el parte de horas justifiqué las horas que había estado inactivo como que estuve haciendo documentación.  El supervisor me estaba espiando en ese preciso instante.  Me puso uno de sus malditos mensajitos en la pantalla preguntándome que estaba documentando.  Al poco me llamó de malas maneras preguntándome lo mismo.  Yo en vez de de decirle que me pareció muy fuerte apuntar en mi parte de horas que no me habían asignado ninguna tarea, le intenté apaciguar.  El supervisor además de demostrarme que me espiaba, me humilló.

La gota que colmó mi vaso ocurrió unas semanas después.  Me habían asignado una modificación de un registro de una tabla de muchos campos en la base de datos del servidor de producción.  Era un trabajo fácil pero al modificar tantos campos, la tarea llevaba bastante tiempo y requería mucha concentración.  Al cabo de una hora, ya había conseguido hacer la tarea en el servidor de prueba.  Acabar la tarea en el servidor de producción era cuestión de copiar y pegar.  Se me fue el santo al cielo.  Aún no habiendo acabado la tarea, estaba tan contento que decidí tomarme un merecido descanso.  El supervisor, como de costumbre, me estaba espiando.  Le pareció excesivo el tiempo que tardé.  Me volvió a llamar de malas maneras.  Después de muchas vejaciones le admití al supervisor que me había distraído.

Me pillé un cabreo impresionante con la última vejación del supervisor.  Le escribí un correo electrónico a mi jefe diciéndole que no le aguantaba.  Mi jefe decidió suspender el supervisor entre el supervisor y yo.  El supervisor no trataría directamente conmigo sino únicamente a través del analista o mi jefe.  Eso no ayudó.  La semana siguiente fui al trabajo sin ninguna ilusión.   Este trabajo había pasado de ser un placer a ser una carga debido a las vejaciones que había sufrido por parte del supervisor.  Me había desaparecido la alegría de vivir.  En el trabajo, cada vez que me distraía, me entraba miedo de que el supervisor aprovechase la ocasión para vejarme otra vez.  Aún cuando yo no tenía suficientes tareas, hacía grandes esfuerzos para aparentar estar ocupado.  No ayudó que el analista pasó la semana en las oficinas del cliente.  Tuve demasiado poco trabajo. 

Yo estaba deprimido en casa.  El supervisor había podido con mi alegría de vivir.  Una amiga me notó muy bajo.  Mi psicóloga me notó muy bajo.  Yo llegué a la conclusión de que las vejaciones del supervisor me habían provocado una depresión.  Pasé el fin de semana con otra amiga.  Le conté lo que me había pasado.  Ella me dijo que consideraba mi situación una de acoso laboral.  Decidí  dejar el trabajo.  Era la primera vez que alguien me acosaba laboralmente y no lo iba a consentir.

El domingo, al regresar a Madrid, me enteré que el supervisor quería que yo fuera a las oficinas centrales.  Después de las vejaciones anteriores a las cuales me había sometido el supervisor, yo no tenía ningún interés en volverle a ver.  Antes de acostarme había tomado la decisión de dimitir.  El lunes decidí que me convendría en vez de dimitir, pillarme una baja por depresión.  Avisé a mi jefe de mis intenciones.  Le pilló desprevenido que me hubiera afectado tanto el supervisor.  Ya se había comprometido a que yo fuera a visitar el cliente.  Por desgracia para él yo no pude soportar la idea de que el supervisor tendría la posibilidad de humillarme en persona en vez de por teléfono.

La baja por depresión que me pillé no fue fingida.  El toma y daca con el supervisor me habían provocado una depresión situacional.  En otras palabras, era una depresión con una causa clara.  Me hubiera gustado mucho permanecer de baja hasta encontrar un trabajo nuevo. Por desgracia no fue posible.  La baja la pillé un lunes.  El viernes viajaba a Noruega en avión.  Si no hubiera salido del país habría seguido de baja.

Al volver de las vacaciones dimití.  Además del temor de que el supervisor me volviera a provocar una depresión, está el hecho que a mí me cuesta mucho perdonar una falta grave.  El que un supervisor me provoque una depresión a base de hacerme saber repetidamente que me estaba espiando, y además aprovechar su espionaje para humillarme con sus malas formas, lo consideré una falta muy grave.  Le guardaba demasiado rencor al supervisor para seguir trabajando en ese proyecto.  Mi empresa afortunadamente no tenía más proyectos.  Podía emprender una nueva fase de mi vida

Esto era el final de una era.  Llevaba más de seis años con la empresa que dejé.  Ya me había estado planteando dejarles durante bastante tiempo.  No eran buenos comerciales.  La mayor parte del tiempo únicamente tenían un cliente grande que les pagaba las facturas.  No eran capaces de conseguir los suficientes contratos.  Hace tres años perdieron a su único  cliente de entonces y me despidieron.  Seguí colaborando con ellos, primero en negro y luego coma autónomo.  Cuando consiguieron el contrato con la empresa del supervisor, su situación empresarial mejoró mucho.  Cuando me ofrecieron participar en el proyecto, pedí que me hicieran un contrato por cuenta ajena.  Al no haber más contratos, mis oportunidades de aprendizaje eran demasiado reducidas.  Esa era la principal razón por lo que llevaba algún año deseando dejar la empresa.  El guardarle tanto rencor al supervisor y que no hubiera más contratos fue el empujón que necesitaba para buscarme la vida.

En mi antigua empresa me han tratado muy bien durante muchos años.  Durante ese tiempo me han pagado las facturas y me han permitido disponer del suficiente tiempo libre.  Los jefes me tenían afecto y yo les tengo afecto.  No les traté bien dejándoles colgados en el último momento con mi baja por depresión seguida de mis vacaciones y mi dimisión.  No les di el suficiente aviso de que la situación se estaba haciendo insostenible para mí.  No se me ocurrió avisarles de que cada vez estaba menos a gusto en el trabajo.  Como ellos me dijeron cuando dimití, ellos me tienen el suficiente afecto para remover cielo y tierra para que me encontrase a gusto.  Cuando yo llegué a la conclusión de que estaba sufriendo una depresión por acoso laboral ya era demasiado tarde.

El Andreso  

Tres meses de infierno

El jefe de proyecto le decía a un desarrollador tras otro que se pusiera las pilas.  En cuanto les decían por primera vez que se pusieran las pilas empezaban a buscar trabajo.  Como la situación laboral era tan buena en el mundo de la informática, los tardaban muy poco en encontrarlo.    Se había establecido la rutina que el jefe de proyecto le decía a un desarrollador que se pusiera las pilas y a las tres semanas este avisaba que se iba porque había encontrado un trabajo donde le respetaran.  Había una rotación exagerada en el proyecto.  Según los rumores que corrían entre mis compañeros se habían ido un total de 12 desarrolladores del proyecto antes que entrase yo.  En los tres meses que estuve nos marchamos cinco.

Tanta rotación es una clara señal de que algo no funcionaba.  Era una clara señal de que había algo que estaba podrido en el departamento.  En una empresa tan grande como esta es lógico que haya departamentos que estén mal gestionados.  El jefe de departamento tenía mucha labia.  No sabía gestionar un departamento.  El que se fueran 17 desarrolladores de un proyecto es una clarísima señal de que algo estaba podrido en el proyecto.  El que no hicieran ningún cambio enel proyecto hasta que el jefe de proyecto estuvo de baja es una clara señal de que algo estaba podrido en el departamento.  Al jefe de departamento le pusieron a cargo de otro departamento.  Sería demasiado caro despedirle.  Quizás en el nuevo departamento no sea tan dañino para la empresa.

Entre un jefe de departamento que no quiso asignar los suficientes recursos al proyecto, un jefe de proyecto que estaba quemadísimo, y la grandísima rotación que había, el proyecto era un infierno.  Al final me tocó mi turno para que me dijeran que me pusiera las pilas.  Yo ya llevaba un par de semanas trabajando los fines de semana.  Me parecía un proyecto muy bonito.  Era una cuestión de orgullo que saliera adelante. Me sintió fatal el qué el jefe del proyecto me dijera que en su opinión yo no trabajaba lo suficientemente duro.  Me había matado a trabajar.  Y lo que me quedaba.  El que el jefe del proyecto me dijera que me pusiera las pilas significó que yo ya no estaba a gusto en el trabajo.  Me dije que estaría mejor en cualquier parte.  Me puse las pilas en encontrar un trabajo nuevo.  Le hice caso al jefe de proyecto.  El día siguiente el jefe de proyecto sufrió un accidente de tráfico y estuvo de baja un mes.  No tuve la oportunidad de expresar mi disgusto.  No tuve ocasión de mejorar mi ambiente laboral expresando mi disgusto con su gestión.

Estuvimos unos diez días sin nadie que guiara el timón.  El segundo a bordo no tenía la suficiente soltura con gente como para ser capaz de motivarnos.  Los diez días que pasaron hasta que nos asignaron otro jefe de proyecto fueron bastante más relajados.  Un compañero que había dado aviso de que se iba adelantó su partida por incompatibilidades con el segundo de abordo.

El proyecto debía haber sido entregado el día después de que el jefe de proyecto sufriera el accidente.  Tras mucho suplicar, el jefe del departamento consiguió un aplazamiento.  Era una buena escusa tener al jefe de proyecto lesionado justo antes de la fecha de entrega.  El jefe del departamento nos presionaba para que trabajásemos fines de semana y festivos.  Cometimos el error de hacerle caso.  Estuve tres meses casi sin disfrutar de ningún fin de semana para mí.  Es una experiencia que intentaré no repetir jamás.

El jefe del departamento movió viento y marea para conseguir un sustituto.  Al décimo día empezó a trabajar con nosotros el nuevo jefe de proyecto.  Daba gusto trabajar con el.  El método para que rindiéramos del anterior jefe de proyecto era continuamente manifestar que nunca estaba contento con nuestro trabajo.  Su gestión se limitaba a una interminable sucesión de fechas límite.  El sustituto sabía transmitir que valoraba nuestro trabajo.  Seguíamos trabajando como bestias.  Yo estaba ya quemadísimo.  Aún así recuerdo estas semanas con el sustituto como más positivas que negativas.  A diferencia de la gestión del anterior jefe de proyecto yo estaba a gusto, aún cuando estaba tan estresado que me costaba orinar, aún cuando yo estaba tan estresado que me costaba dormir por las noches, aún cuando me levantaba por las mañanas como un cordero que van a llevar al matadero.  La diferencia que hace saber tratar un trabajador como un ser humano, en vez de nunca estar satisfecho con su rendimiento.

Los currículos que había mandado cuando el jefe de proyecto me dijo que me pusiera las pilas empezaron a surtir efecto.  Me empezaron a llegar ofertas de entrevistas.   Ante la larga sucesión de fines de semana trabajando lancé un órdago para tener unos días de descanso entre semana.  Pensaba aprovechar estos días para ir a las entrevistas.  Concreté unas seis entrevistas para esos dos días.  Al segundo día tuve un ataque de ansiedad.  Conseguí una baja para tener otro día de descanso.  Una baja por ansiedad que fue casi el único descanso que tuve en este proyecto.El día que me incorporaba, después de la baja, también fui a una entrevista de trabajo.  Mientras iba en el autobús camino a Alcobendas, hacia el mediodía, le estaba dando vueltas a como justificar mi tardanza. No se me ocurría ninguna escusa buena.  Al final se me hizo la luz.  Como no estaba nada a gusto en el trabajo y había tardado poco en encontrar este, decidí dar aviso de que me iba.  Ya había empezado a tener entrevistas.  Yo no iba a tardar mucho en conseguir un trabajo nuevo.  Además como estaba tan harto de la presión continua, no tenía ninguna gana de seguir.  Aún tuve que trabajar otro fin de semana.
Al final conseguí una oferta en firme.  Era el lunes.  El lunes siguiente sería mi primer día de trabajo en el nuevo puesto de trabajo.  El jefe de proyecto había vuelto de su baja. Le comenté que el jueves sería mi último día en ese proyecto.  Me recordó que yo me había comprometido a quedarme otra semana.  A mí me apetecía mucho tener un día de descanso entre trabajo y trabajo.  Estando de periodo de pruebas, no tenía ninguna obligación de quedarme.  Me podía ir cuando quisiera.  Le dije que mi decisión era firme.

El día siguiente era mi antepenúltimo día.  Dos días de curro más y podía dejar ese marrón atrás para siempre.  El día laboral fue bien.  Me concentraba.  Avanzaba en mi trabajo.  Disfruté como siempre de los descansos habituales con mis compañeros.  Hacia el final del día todo se torció.  Bajé a fumar con el jefe del proyecto.  Ahí, en la entrada del edificio me dijo que en su opinión yo no trabajaba lo suficiente.  Después de los 12 festivos que había trabajado y los tres días de baja por ansiedad, me dijo que me pusiera las pilas.  El jefe de proyecto había herido mi orgullo.  Cinco minutos después se fue a su casa.  Me privo de la posibilidad de arreglar el asunto por las buenas.  Lo arreglé por las malas.

Al poco de irse el jefe de proyecto tras el bombazo que me soltó empecé a darle vueltas al asunto.  Me iba cabreando cada vez más.  Antes de irme le escribí un correo recordándole los efectos desastrosos que había tenido sobre el proyecto el que el jefe nunca estuviera satisfecho con el trabajo de sus desarrolladores.  Lo malo que había sido para el proyecto que desarrollador tras desarrollador se fuera al poco de que el jefe de proyecto le motivase.  También le recordé en el correo que yo estaba en periodo de pruebas y que me podía ir cuando quisiera.

 Andreso

Un atraco tolerado

El que algo que se haya pagado por adelantado caduque es repugnante.  Imaginaos el revuelo que se hubiera montado si el Banco de España hubiera dicho que se disponía de tres semanas para dejar de usar las pesetas una vez entró en vigor el euro.  Imaginaos el escándalo si hubiera dicho que dos meses después las pesetas no tendrían ningún valor, en caso de que no se hayan canjeado.  Eso es lo que hace el consorcio de transportes de Madrid cada año cuando saca sus nuevas tarifas.  Si canjeas el billete de 10 viajes, te quedas sin varios de estos viajes que has pagado.  Si no lo canjeas pierdes todos.

Lo que hace la RENFE es aún peor.  Compras un billete de 10 viajes y caduca al mes.  No importa si no has hecho ni un solo viaje.  Al mes el abono de 10 viajes se convierte en un pedazo de cartón sin ningún valor.  Esto sí es un atraco.  Es deleznable que una empresa que factura muchos millones de euros al mes, robe a sus usuarios.  Es una pena que la avaricia no se castigue.  Yo he pagado por 10 viajes en tren y por la simple razón de que les da la gana a estos ladrones, me pueden hurtar varios de estos viajes.

Otras compañías que se ven con derecho de atracar a sus clientes son las empresas de móviles.  Si no haces una recarga en tu tarjeta cada seis meses, te roban tu saldo acumulado.  Repugnante.  Además de vender un servicio muy caro, atracan a sus clientes.  Han pagado por anticipado.  La compañía de móviles no respeta este pago.  La infinita avaricia de estas empresas puede impedir que disfrutes de un servicio que hayas pagado.

En Madrid, una de las empresas que tratan con dignidad a sus usuarios son las empresas de autobuses interurbanos.  Los billetes de 10 viajes nunca caducan.  Yo he comprado hace tres años un billete que aún es válido.  Eso sí es tratar con respeto a los clientes.  El servicio que se ha pagado por adelantado puede disfrutarse cuando sea.  No importa que haya habido subidas de tarifa desde que se compró el título.

El que caduque algo que se haya pagado por adelantado es deleznable.  Es la avaricia en estado puro.  El gobierno no hace nada para protegernos.  Estamos indefensos ante estos ladrones.  En vez de vivir en un país justo, vivimos en uno donde las empresas grandes pueden atracar impunemente a los ciudadanos.  Deleznable.

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Acceder a páginas Web de forma privada

Para saltarse el filtro de contenido y navegar de forma segura es necesario tener acceso a:

  • Un servidor Linux en Internet.  El mío corre un sistema operativo CENTOS 3
  • Un ordenador de sobremesa con Linux.  El mío tiene Ubuntu Maverick Meerkat  instalado.  Cuando empecé este artículo tenía Edgy Etch instalado.

En el servidor instalé primero un proxy HTTP llamado privoxy y luego un proxy SOCKS llamado Dante.   Al no haber ningún rpm disponible para  CENTOS 3 para ninguno de los dos proxies, los compilé a mano.  Para Debian o similares como el Ubuntu, sí existen los paquetes  disponibles para estas variantes del linux y se encuentran con apt-cache search y se instalan con apt-get install

Instalación del proxy HTTP Privoxy 

Para el privoxy me bajé el src.rpm para Fedora Core desde  http://sourceforge.net/project/showfiles.php?group_id=11118. Preferí bajarme un src.rpm ya que son mucho más fáciles de compilar.  Me lo descargué con el wget a la carpeta /tmp de mi servidor.  Después lo único necesario es compilarlo.  El comando es rpmbuild –rebuild privoxy*src.rpm

Esto deja los rpm en /usr/src/redhat/RPMS/i386/  y se instalan con rpm -Uvh /usr/src/redhat/RPMS/i386/privoxy*rpm

 

En la configuracion por defecto del privoxy únicamente se permiten conexiones desde el localhost del servidor al puerto 8118.  Ahora únicamente es necesario arrancar el privoxy y que permanezca arrancado.  Estos son los comandos para CENTOS.

/etc/init.d/privoxy start
chkconfig –level 2345 privoxy on 

Uso del Privoxy

Para acceder por lo tanto a nuestro flamante proxy desde nuestra máquina es necesario hacer un tunel ssh.  Este tunel es necesario volver a hacerlo cada vez que se arranque el ordenador.  Para eso es necesario tener disponible una cuenta ssh en el servidor.  No valen cuentas restringidas como el jailshell de Cpanel.  Es necesario una cuenta que tenga acceso a todo el servidor.  El comando ssh es  

ssh -NL 8118:localhost:8118 usuario@servidor 

Hace falta introducir la contraseña.  Además hace falta repetir este comando cada vez que arranques tu ordenador personal si quieres navegar de forma discreta o saltarte filtros de contenido.

Ahora todo el tráfico que mándemos al puerto 8118 de nuestra máquina aparecerá por arte de magia en el puerto donde escucha el privoxy sin que nadie pueda interceptarlo.

Lo único pendiente es configurar un navegador para que use como proxy el puerto 8118 de nuestra propia máquina. Yo uso Ubuntu y me gusta usar para temas laborales el Firefox. Hay muchos otros navegadores disponibles en el Ubuntu.  Ahora es necesario escoger un navegador para acceder a las páginas menos serias.  Cualquiera vale menos el Konqueror.  Después de haberlo configurado descubrí  que la variable http_proxy que define el método de conexión a Internet también se había asignado con los valores que introduje para el Konqueror.  El Konqueror es una parte fundamental del entorno KDE y configurarlo para acceder a mi proxy tuvo demasiados efectos secundarios.  Lo mismo pasó con el Galeon, que es el navegador por defecto del Gnome. También asigna el proxy por defecto del sistema.

 Cualquier navegador sirve para conectarse con el proxy.  Únicamente es necesario configurarlo para conectarse al puerto 8118 de localhost.  Este proxy únicamente se conecta con los protocolos http y https.  En las configuraciones de proxies de muchos navegadores viene la posibilidad de configurar muchos protocolos adicionales como ftp y gopher.  Ninguno de estos protocolos funcionará. Únicamente el http y el https funcionarán.  Si se quiere seguir utilizando únicamente el Firefox, hay un módulo llamado FoxyProxy que permite un control más exhaustivo de como el Firefox se conecta a cada página Web.

Una vez configurado el proxy se puede probar navegando a una página normal como http://elpais.es y una de protocolo SSL como https://gmail.com.  Si se ven las páginas a través del navegador que se haya configurado, el proxy funciona.  Yo ahora tengo el opera configurado.

Insalación del proxy SOCKS Dante 

 El método para instalar el proxy SOCKS Dante es un poco más complicado ya que al ser compilado exclusivamente desde fuentes hace falta crear el fichero de configuración desde cero así como el programa que lo arranca al arrancar el sistema.  Las fuentes me las descargué de ftp://ftp.inet.no/pub/socks/  En el momento de escribir este artículo la última versión disponible era la 1.19.   Ahora en 2010 la última versión es la 1.22. La versión 1.22 necesita un mínimo de CENTOS 6 y al tener CENTOS 3, no lo puedo actualizar.

Otra vez se descarga en /tmp con el wget y se descomprime.

tar xvpzf dante*tar.gz
rm dante*tar.gz
cd dante*  

Después se compila y se instala.  Lo más sencillo es hacerlo como root aunque hay gente que recomienda jamás compilar como root porque nunca puedes estar seguro si el programa es de fiar.

./configure   –with-sockd-conf=/etc/danted.conf –prefix=/usr/local
make
make install

Estos comandos configuran el Dante para que su archivo de configuración sea /etc/danted.conf y que los ejecutables estén en /usr/local/bin y en /usr/local/sbin.  Todavía no estamos ni a la mitad ya que el archivo de configuración no se ha creado y queda conseguir que el servidor proxy se arranque cuando se arranque el ordenador.  Ambas cosas las tuve que hacer a mano ya que al instarlo manualmente no se crearon ninguno de los archivos necesarios.

Para crear el fichero de configuraición se ejecuta como root

nano /etc/danted.conf

y se pega en el archivo el siguiente texto


# La salida informativa
logoutput: /var/log/dante.log
#Las ips permitidas
internal: 127.0.0.1 port = 1080
#Utiliza eth0. Si tu interfaz de red según ifconfig tuviera otro
#nombre, se edita
external: eth0

# Al unicamente aceptar conexiones internas no es necesario autenticarse
method: username none

#Ningún permiso especial
user.notprivileged: nobody
user.privileged: nobody
user.libwrap: nobody
# Permisos de conexion
client pass {
from: 127.0.0.0/8 port 1-65535 to: 0.0.0.0/0
}
client block {
from: 0.0.0.0/0 to: 0.0.0.0/0
log: connect error
}
block {
from: 0.0.0.0/0 to: 127.0.0.0/8
log: connect error
}
#Permite conexiones internas y prohibe todo lo demás
pass {
from: 127.0.0.0/8 to: 0.0.0.0/0
protocol: tcp udp
}
block {
from: 0.0.0.0/0 to: 0.0.0.0/0
log: connect error
}

 

Ahora es necesario escribir el fichero para arrancar el proxy.  Como root nano /etc/init.d/socksd y se pega el siguiente texto

#!/bin/sh
# Filename: /etc/init.d/sockd
#
# chkconfig: 345 100 100
# description: Starts and stops the sockd
# thx to the samba-team for the script 😉

SOCKD_CONFIG=»/etc/danted.conf»
SOCKD=/usr/local/sbin/sockd
SOCKD_OPTIONS=»-D  » # debug (-d) is a bad (and space-wasting) idea

# Source function library.
. /etc/rc.d/init.d/functions

# Source networking configuration.
. /etc/sysconfig/network

# Check that networking is up.
[ ${NETWORKING} = «no» ] && exit 0

# Check that smb.conf exists.
[ -f ${SOCKD_CONFIG} ] || exit 0

# See how we were called.
case «$1» in
  start)
    echo -n «Starting socks: «
    daemon ${SOCKD} ${SOCKD_OPTIONS} -f ${SOCKD_CONFIG}
    echo «»
    touch /var/lock/subsys/sockd
    ;;
  stop)
    echo -n «Shutting down socks: «
    killproc ${SOCKD}
    rm -f /var/lock/subsys/sockd
    echo «»
    ;;
  status)
    status ${SOCKD}
    ;;
  restart)
    echo -n «Restarting socks: «
    $0 stop
    $0 start
    echo «done.»
    ;;
  *)
    echo «Usage: $(basename $0) {start|stop|restart|status}»
    exit 1
esac

Ahora se hace ejecutable y se le dice que arranque automáticamente ejecutando como root:

 chmod +x /etc/init.d/sockd
/etc/init.d/sockd  start
chkconfig –level 2345 sockd on

 Uso del Dante

Ahora para conectarse a este proxy se utiliza tal como está configurado el siguiente comando

ssh -NL 1080:localhost:1080 usuario@servidor

 El proxy SOCKS Dante, lo utilizo cuando navego utilizando redes wifi abiertas. El Dante funciona bastante mejor que  el Privoxy.  He configurado el firefox para utilizar como proxy SOCKS el ordenador localhost con el puerto 1080  Todavía no he sido capaz de usarlo en el trabajo ya que tanto el Galeon como el Konqueror cambian la configuración de proxy universal y el Opera no funciona todavía con SOCKS. 

 

Uso de Proxy en Windows

Para conectarse a un proxy SOCKS en Windows el mejor programa es Putty que es un cliente SSH gratuito. Se puede descargar desde http://www.chiark.greenend.org.uk/~sgtatham/putty/download.html En el caso de que no tengas permiso de instalar programas en tu ordenador te puedes descargar el Putty de http://the.earth.li/~sgtatham/putty/latest/x86/putty.exe que es un ejecutable para el que no es necesario ninguna clase de permiso para ejecutar.  Descargar, hacer doble click y disfrutar.

Al abrir el Putty es necesario crear y guardar una sesión

Pantalla Inicial del Putty
En Host Name (or IP address)  se introduce el nombre del servidor.  En Port, el puerto.  En Saved Sessions se introduce un nombre descriptivo y se pulsa sobre Save.

Configuración inicial de los túneles sshSe navega eb el menú hasta Connection >> SSH > Tunnels y se mete en Source Port el 1080 ya que tengo mi Dante escuchando en el puerto 1080.  Se marca Auto y Dynamic y se pulsa sobre Add

Como queda una vez que se hayan guardado los túneles ssh
Al final queda así

Antes de Guardar en el PuttySe selecciona el nombre que se ha escogido para este servidor, en este ejemplo he escogido servidor y se pulsa sobre Save Una vez ya esté todo guardado, cuando se arranque el Putty únicamente es necesario hacer doble click sobre el nombre que hemos dado a este servidor y se abre la ventana de autenticación.

Es un problema en Windows encontrar un navegador que tenga configuración de Proxy independiente del sistema.  Tanto Chrome como Safari como Internet Explorer usan la configuraición de Proxy del sistema. Afortunadamente los navegadores de Mozilla como el Firefox o el Seamonkey permiten configuración individualizada del Proxy.  Por desgracia en el Seamonkey en mi equipo, la pantalla de configuración manual del Proxy es demasiado pequeña y no se puede cambiar el tamaño

Configuración Manual del Proxy en SeamonkeyComo se ve en esta pantalla no hay nada que hacer ya que no aparece la caja de texto para meter el puerto. Afortunadamente no hay ese problema en el Firefox.

configuracion-avanzado-red-firefox
En Firefox se navega a Herramientas >> Opciones >> Avanzado >> Red y se pulsa sobre el botón Configuración…

Configuración manual del Proxy de Firefox como SOCKS

Hay que recordar que el Dante es un Proxy SOCKS.  Se selecciona Configuración manual del proxy: y en el campo Servidor  SOCKS se introduce el 127.0.0.1 que es el ordenador local.  Hay que recordar que el Putty como por arte de magia conecta el puerto 1080  de la máquina local con el puerto 1080 de mi servidor.  En Puerto se intoduce pues el 1080 y se marca la casilla Socks v5.

Se pulsa varias veces sobre Aceptar hasta cerrar todas las ventanas.  Ahora el Firefox se conectará a Internet desde el servidor y la conexión entre el equipo y Internet está cifrada de tal manera que nadie lo puede espiar.

Disfrutad.

Andreso
andres@andreso.net

http://the.earth.li/~sgtatham/putty/latest/x86/putty.exe